sábado, 28 de diciembre de 2013

Los 10 mandamientos de la celebración dominical













1. Llegaré a la celebración antes de que haya comenzado
2. Me vestiré apropiadamente para compartir y celebrar la fe
3. Sentiré y haré del domingo el día del Señor y de descanso
4. Al entrar en el lugar de la celebración mostraré reverencia
5. Participaré activamente en la celebración de la fe
6. Ayunaré una hora antes de comulgar
7. Al recibir al Señor mostraré reverencia
8. Diré “amén” antes de recibir la hostia
9. Me mostraré agradecido después de haber recibido la hostia
10. No me iré hasta que la misa haya finalizado

Fuente: Arquidiócesis de Santa Fe, New Mexico (USA)

1 Juan 1,5–2,2: "Si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia".

1 Juan 1,5–2,2

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Salmo 30: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Salmo 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

lunes, 16 de diciembre de 2013

Del limbo de los niños muertos sin bautizar, por Luis Antequera

El 19 de abril de 2007 una Comisión teológica internacional dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicaba con la autorización del Papa Benedicto XVI el texto “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo”, un documento largo de más de 24.000 palabras y 135 notas a pie de página, llamado a convertirse en el pronunciamiento más explícito del Magisterio eclesiástico realizado hasta la fecha sobre la existencia o no de un lugar llamado “limbo” al que irían a parar los niños que sin haber cometido pecados propios, no habían sido rescatados tampoco del pecado original por no haber recibido aún el bautismo.

Quizás el caso más extremo que presenta el dilema entre los dos principios que se combina en la teoría cristiana de la salvación, a saber: “la voluntad salvífica universal de Dios (cf. 1 Tm 2,4), y las que conciernen a la necesidad del Bautismo como la vía para ser liberados del pecado y conformados con Cristo (cf. Mc 16,16; Mt 28,18-19)”, expresamente mencionados los dos en el documento.

Pues bien, el documento en cuestión, tras explicitar que efectivamente “la enseñanza tradicional recurría [para explicar el destino escatológico de tales niños] a la teoría del limbo”; definir dicho limbo como el “estado en el que las almas de los niños que mueren sin bautismo no merecen el premio de la visión beatífica, a causa del pecado original, pero no sufren ningún castigo, ya que no han cometido pecados personales”; aclarar que “esta teoría, elaborada por los teólogos a partir de la Edad Media, nunca ha entrado en las definiciones dogmáticas del Magisterio” pero reconocer al mismo tiempo que “el mismo Magisterio la ha mencionado en su enseñanza hasta el concilio Vaticano II”; y apostillar que “el destino de los niños no bautizados continúa siendo un caso límite en la investigación teológica” a partir del reconocimiento de que “ninguna respuesta explícita acerca del tema objeto de nuestro estudio viene de la Revelación tal como se contiene en la Sagrada Escritura y en la Tradición”, realiza esta declaración que me parece su mejor resumen:

“Por consiguiente, además de la teoría del limbo (que continúa siendo una opinión teológica posible), puede haber otros caminos que integren y salvaguarden los principios de fe fundados en la Escritura”.

Y aún con mayor claridad esta otra:

“Se ha de reconocer claramente que la Iglesia no tiene un conocimiento cierto de la salvación de los niños que mueren sin Bautismo”.

En resumen, el limbo... en el limbo.

Fuente: religionenlibertad.com

De la Iglesia Católica y el suicidio: ¿se condena el suicida?, por Luis Antequera

Mucho se ha especulado sobre la posición de la Iglesia Católica a propósito del suicidio (...) Por lo que hace a la condición pecaminosa del suicidio, en la Encíclica Evangelium Vitae, emitida por el Papa Juan Pablo II, leemos:

“El suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala. Aunque determinados condicionamientos psicológicos, culturales y sociales puedan llevar a realizar un gesto que contradice tan radicalmente la inclinación innata de cada uno a la vida, atenuando o anulando la responsabilidad subjetiva, el suicidio, bajo el punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque comporta el rechazo del amor a sí mismo y la renuncia a los deberes de justicia y de caridad para con el prójimo, para con las distintas comunidades de las que se forma parte y para la sociedad en general. En su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: « Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir »”.

Probablemente sean los grandes autores del s. IV los primeros en tocar el tema. Así, San Agustín (354-430), que lo hace en su obra La Ciudad de Dios, donde afirma que suicidarse es rechazar el dominio de Dios sobre la propia existencia, y donde re-redacta el quinto mandamiento en los siguientes términos: “no matarás ni al prójimo ni a ti mismo”.

Y también San Jerónimo (340-420), que lo hace en su Comentario a Juan, donde trata el tema desde la relación que el autor establece con lo que llamaríamos “el amor al martirio”, toda la problemática de los límites vinculados a la aceptación del martirio, estableciendo que determinadas maneras de acceder a él, cuando se busca o cuando simplemente no se hace cuanto está al alcance de uno para evitarlo, puede implicar un comportamiento pecaminoso relacionado con el suicidio.

A partir de los tratados de S. Agustín y de S. Jerónimo sobre el suicidio, se pronuncian muchos documentos eclesiásticos emanados de los concilios del s. VI: Braga (563), Auxerre (578). Así como, más tarde, también el Decreto Graciano, elaborado hacia el 1140, la primera gran compilación de derecho canónico de la historia.

Santo Tomás de Aquino (1224-1274) le dedica el artículo 64 de la Segunda sección de la Segunda parte de la Suma Teologica, donde se pregunta: “¿es lícito a alguien suicidarse?” Respondiendo:

“Es absolutamente ilícito suicidarse por tres razones: primera, porque todo ser se ama naturalmente a sí mismo, y a esto se debe el que todo ser se conserve naturalmente en la existencia y resista, cuanto sea capaz, a lo que podría destruirle. Por tal motivo, el que alguien se dé muerte va contra la inclinación natural y contra la caridad por la que uno debe amarse a sí mismo; de ahí que el suicidarse sea siempre pecado mortal por ir contra la ley natural y contra la caridad. Segunda, porque cada parte, en cuanto tal, pertenece al todo; y un hombre cualquiera es parte de la comunidad, y, por tanto, todo lo que él es pertenece a la sociedad. Por eso el que se suicida hace injuria a la comunidad, como se pone de manifiesto por el Filósofo [Aristóteles] en V Ethic. Tercera, porque la vida es un don divino dado al hombre y sujeto a su divina potestad, que da la muerte y la vida. Y, por tanto, el que se priva a sí mismo de la vida peca contra Dios, como el que mata a un siervo ajeno peca contra el señor de quien es siervo; o como peca el que se arroga la facultad de juzgar una cosa que no le está encomendada, pues sólo a Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida, según el texto de Dt 32,39: Yo quitaré la vida y yo haré vivir”.

El Catecismo de 1997 establece que “somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado” (art. 2280), y marca una circunstancia agravante y otra atenuante por lo que se refiere al suicidio. En cuanto a la primera, dice: “Si se comete con intención de servir de ejemplo especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo” (art. 2282).

En cuanto a la segunda, dice: “Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida” (art. 2282).

Por último, por lo que se refiere a la salvación o condenación del suicida, se dice en el Catecismo: “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El sólo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida”. (art. 2283)

Fuente: religionenlibertad.com

¿Puede el suicida recibir sepultura en suelo santo?, por Luis Antequera

Sobre la posibilidad de dar sepultura al suicida en suelo santo, vale decir, en un cementerio cristiano, el documento de aplicación debe ser considerado el Código de derecho canónico del año 1983, promulgado por el Papa Juan Pablo II, en el cual, son causas que excluyen el enterramiento en suelo santo las siguientes:

“Se han de negar las exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte hubieran dado alguna señal de arrepentimiento:

1. A los notoriamente apóstatas, herejes o cismáticos;
2. A los que pidieron la cremación de su cadáver por razones contrarias a la fe cristiana.
3. A los demás pecadores manifiestos, a quienes no pueden concederse las exequias eclesiásticas sin escándalo público de los fieles” (can. 1184).

Causas entre las cuales, como se ve, no se halla el suicidio, lo que permite afirmar que un suicida puede, efectivamente, recibir exequias cristianas y enterramiento en suelo santo.

¿Fue siempre ésta la posición de la Iglesia al respecto? Posiblemente no. El Código de derecho canónico de 1917 al que el de 1983 vino a reemplazar, recogía una regulación diferente al respecto, y así, su canon 1240, lo excluía no sólo para los tres casos arriba citados, sino también para “quien con libertad y dominio de sus facultades se matara a sí mismo” (párrafo 3) así como, curiosamente, también “a los muertos en duelo” (párrafo 4).

Una privación que ha venido manteniéndose de manera ininterrumpida y que data de tiempos muy antiguos, anteriores desde luego al Código de derecho canónico de 1917, y que probablemente hunda sus raíces en el Concilio de Braga, que ya en el año 563, privaba a los suicidas del suelo santo en su canon 15.

Fuente: religionenlibertad.com

¿Desde cuándo se imparte el bautismo a los niños?, por Luis Antequera


Hay cosas que uno ni se le ocurre plantearse si siempre fueron como hoy las contemplamos o en otro momento fueron diferentes. Y una de esas tal vez sea el “bautismo de infantes”, una ceremonia con un carácter iniciático equiparable, desde tal punto de vista aunque no desde muchos más, a otra del ámbito judío cual es la de la circuncisión, que acontece al octavo día del nacimiento con la que también coincide en que en ambas recibe la persona el nombre por el que será conocido en la comunidad.

Lo cierto es que no siempre el bautismo lo recibieron entre los cristianos los niños (...) Y es que aunque más de uno sería bautizado en edad infantil como podría interpretarse de algunos episodios recogidos en los Hechos de los Apóstoles, lo cierto es que el “bautismo de infantes” aún tardará su tiempo en imponerse.

Hipólito de Roma (m.236) en su “Tradición apostólica” nos detalla el proceso bautismal, que se iniciaba con un catecumenado o aprendizaje de tres años previo a la ceremonia, y recaía siempre sobre adultos. El ritual bautismal tenía lugar en fechas señaladas (domingo, pascua, pentecostés); contenía una serie de ceremonias anteriores (expulsión del demonio, unción prebautismal); tenía lugar por inmersión en agua simultánea a una confesión de fe trinitaria; y se culminaba con la imposición de manos, signación en la frente y unción con el crisma (mezcla de aceite de oliva y bálsamos) por el obispo. A continuación, el bautizando recibía por primera vez la eucaristía, con lo que vemos unidos tres rituales que la vida cristiana contemporánea separa perfectamente: bautismo, primera comunión y confirmación. El ritual tomaba forma dialogante entre oficiante y bautizando. En su obra “Sobre el bautismo”, Tertuliano (160-h.220) procede a la normalización del ritual.

La expansión del cristianismo y su legalización generalizará el nacimiento de niños en hogares que ya son cristianos, a partir tal vez del s. IV más-menos, fenómeno que va a tener tres grandes consecuencias por lo que al bautismo se refiere.

En primer lugar, éste empieza a celebrarse cualquier día, sin esperar a las fechas señaladas.

En segundo lugar, se abre la posibilidad de que el obispo delegue sus funciones en lo concerniente al ritual bautismal, lo cual tiene más importancia de la que parece, pues el desdoblamiento del bautismo en dos ceremonias, la inmersión y sus complementos, celebrable por el presbítero, y la unción, sólo oficiable por el obispo, implicará la aparición de un nuevo sacramento, la confirmación.

Y en tercer lugar y lo que a los efectos nos interesa aquí, se impone el bautizo infantil a tempranísima edad, con lo cual la fórmula “yo te bautizo”, cuya utilización nos consta desde el s. VII, sustituye a la fórmula dialogante.

El bautismo de infantes va a promover un áspero debate sobre la preparación que ha de darse en el receptor de un sacramento. Los contrarios a él se escudan en la falta de disposición de un niño para recibir un sacramento y en el inexistente mandato en tal sentido en las Escrituras. San Agustín (n.354-m.430) por el contrario, sostiene que es necesario para la salvación de los niños, y el Papa Inocencio III (1198-1216) argumenta que de la misma manera que una persona incurre en el pecado original sin su consentimiento, puede ser librado de él sin su consentimiento.

www.religionenlibertad.com

Desideria: El Papa Francisco envía a sus principales colabora...

Desideria: El Papa Francisco envía a sus principales colabora...: El pasado viernes, a las tres de la tarde, el prefecto de la Congregación del Clero, arzobispo Beniamino Stella, se sentó a confesar com...

lunes, 2 de diciembre de 2013

Salmo 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término

Salmo 22: Habitaré en la casa del Señor 
por años sin término

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R. Habitaré en la casa del Señor 
por años sin término

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R. Habitaré en la casa del Señor 
por años sin término

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R. Habitaré en la casa del Señor 
por años sin término

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R. Habitaré en la casa del Señor 
por años sin término

viernes, 29 de noviembre de 2013

La Alegría del Evangelio, n. 104: Sobre el Sacerdocio














La Alegría del Evangelio
Exhortación Apostólica del papa Francisco
24 de noviembre, 2013

Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente. El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder. No hay que olvidar que cuando hablamos de la potestad sacerdotal «nos encontramos en el ámbito de la función, no de la dignidad ni de la santidad». El sacerdocio ministerial es uno de los medios que Jesús utiliza al servicio de su pueblo, pero la gran dignidad viene del Bautismo, que es accesible a todos. La configuración del sacerdote con Cristo Cabeza –es decir, como fuente capital de la gracia– no implica una exaltación que lo coloque por encima del resto. En la Iglesia las funciones «no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros». De hecho, una mujer, María, es más importante que los obispos. Aun cuando la función del sacerdocio ministerial se considere «jerárquica», hay que tener bien presente que «está ordenada totalmente a la santidad de los miembros del Cuerpo místico de Cristo». Su clave y su eje no son el poder entendido como dominio, sino la potestad de administrar el sacramento de la Eucaristía; de aquí deriva su autoridad, que es siempre un servicio al pueblo. Aquí hay un gran desafío para los pastores y para los teólogos, que podrían ayudar a reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia.

La Alegría del Evangelio, n. 47: Sobre la Eucaristía














La Alegría del Evangelio
Exhortación Apostólica del papa Francisco
24 de noviembre, 2013

La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.

La Alegría del Evangelio, n. 44: Sobre la Confesión














La Alegría del Evangelio
Exhortación Apostólica del papa Francisco
24 de noviembre, 2013

Por lo tanto, sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día. A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible. Un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades. A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y caídas.

martes, 19 de noviembre de 2013

Muriendo en manos seguras, por Ron Rolheiser

Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona joven, todavía necesitado de cuidados, y más aún cuando la persona joven no muere en circunstancias ideales.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales de personas que han muerto jóvenes, como resultado de una enfermedad, un accidente o el suicidio. Este tipo de funerales son siempre doblemente tristes.

Recuerdo uno en particular: un estudiante de High School muerto en accidente de coche. La Iglesia estaba abarrotada con la entristecida familia, amigos y compañeros de clase. Su madre, aún joven, estaba en el primer banco, cargada con la tristeza de su pérdida. Después de todo no era más que un muchacho, todavía necesitado de que cuidaran de él, necesitado de una madre. Ella se sentía de hecho, como huérfana de él.

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional.

¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que ese joven  está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre al otro lado para recibirle y darle los cuidados que aún necesita, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

¿De qué va más concretamente esta imagen? Pocas imágenes son tan primarias y tiernas como la una madre sosteniendo y acunando a un recién nacido. La letra de uno de los más conocidos villancicos de todos los tiempos, Noche de Paz, está inspirada precisamente en esta imagen. Joseph Mohr, un joven sacerdote alemán, salió a una cabaña del bosque en la tarde de navidad para bautizar a un recién nacido. Según dejó la cabaña, el niño se durmió en el regazo de su madre. Le llegó con tanta fuerza esta imagen, con la hondura y la paz que encarnaba, que, inmediatamente que regresó a la rectoría, compuso la famosa letra de Noche de Paz. Su director de coro, Franz Gruber, puso algunos acordes de guitarra a aquellas palabras que quedaron grabadas en nuestras mentes para siempre.

La imagen arquetípica definitiva de la paz, la seguridad y la protección es un recién nacido en los brazos de su madre. Además cuando el niño nace no es sólo la madre la que le sostiene y acuna. La mayoría de todos los demás, también.

Quizá ninguna otra imagen es más apta, ponderosa y consoladora y que en términos precisos describa lo que nos sucede cuando morimos y despertamos en la vida eterna como la imagen de una madre sosteniendo y acunando a su recién nacido. Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos.

Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren jóvenes, inesperadamente, sin estar preparadas, todavía necesitadas de cuidado en sí mismas. Todos morimos necesitando una madre. Pero tenemos la seguridad que nos da le fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de un ser querido. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera.

Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sabiduría 2,23-3,9: "Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (...) La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz".

Sabiduría 2,23-3,9

Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella. En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral; gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Salmo 16: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Salmo 16: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi suplica,
que en mis labios no hay engaño.
R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.
R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

viernes, 8 de noviembre de 2013

CATEQUESIS INTERGENERACIONAL, Todas las edades aprendiendo juntas



Los tres autores de "Intergenerational Faith Formation, All Ages Learning Together / Catequesis Intergeneracional, Todas las Edades Aprendiendo Juntas", trabajan en la pastoral familiar: Mariette Martineau, Joan Weber, Leif Kehrwald.

El libro presenta la transmisión y el aprendizaje de la fe cristiana ("catequesis") como un proyecto que requiere la presencia y el testimonio de la comunidad.

Proyecto y comunidad-familia

Es un proyecto porque la fe no es algo que el creyente "tiene". La fe no se "tiene"; la fe se vive, se experimenta, se "siente" de una manera única cuando la celebramos en comunidad y en la soledad de nuestra habitación. Y requiere la presencia y el testimonio de la comunidad porque la fe cristiana se vive, se transmite y se aprende en comunidad-familia.

La transmisión de la fe cristiana no se basa en la relación del maestro con el discípulo. Tal vez otras religiones hacen depender la transmisión de sus enseñanzas de la estrecha relación entre un maestro y un discípulo. En la fe cristiana no es así. La comunidad-familia es esencial en la transmisión de la fe porque Jesús llama a sus discípulos a ser comunidad-familia y se sirve de imágenes como "el banquete", "las bodas", para hablarnos de ese encuentro.

La principal enseñanza del libro es que la catequesis
más que un método es una manera de ser y vivir la fe

La dificultad para desarrollar los programas y las actividades que el libro nos presenta reside en que este modo de concebir la catequesis no es un método sino una auténtica experiencia de ser y de vivir la fe. Repito: la catequesis intergeneracional no es un "método" que podemos "utilizar" en nuestras comunidades, escuelas, parroquias.

Cambiar de una catequesis tradicional, destinada a unas personas muy concretas, a una catequesis intergeneracional, en la que damos cabida a diferentes generaciones y grupos de personas, puede resultar muy difícil para algunas congregaciones.

No tengo la menor duda de que la catequesis intergeneracional es mucho más rica y desafiante. Rica porque enriquece a los hijos, a los padres, y a los abuelos... Desafiante porque la fe no es una ideología que manejamos a nuestra conveniencia, sino un don que desafía nuestras ideas y seguridades... y una llamada a ser la persona y la comunidad que estamos llamados a ser.

El problema es que algunos creyentes han entendido su fe como la confirmación de unas creencias y tradiciones que recibieron cuando eran niños. Por eso, cuando alguien desafía esta fe nos sentimos atacados y tendemos a defendernos también atacando, en lugar de proponer de una manera amable y razonada la fe.

Hoy muchos padres reconocen que les cuesta comprender a sus hijos. Los cambios que estamos viviendo en nuestra cultura son demasiado rápidos. Intentar que compartan y crezcan juntos en la fe será para muchas familias y comunidades un gran desafío. Hay generaciones que no han sido educadas para escuchar. Ahora bien, aquellas comunidades-familias que son capaces de redescubrir su fe, aguantando la tensión intergeneracional sin dividirse, están vivas, el resto solamente sobreviven.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Dedicación de la Misa diaria













Cada día celebramos dos misas diarias por las siguientes intenciones:

Lunes: por la bendición del trabajo humano, y las intenciones particulares del día.

Martes: por los enfermos (leemos la lista de los enfermos que nos han pedido que oremos por ellos), y las intenciones particulares del día.

Miércoles: por la familia, y las intenciones particulares del día.

Jueves: por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, y las intenciones particulares del día.

Viernes: por la justicia y la paz, y las intenciones particulares del día.

Cuando el calendario litúrgico presenta una fiestamemorial (no opcional) o solemnidad, estos siempre tienen prioridad sobre el resto de las celebraciones.

Las Velas de la Unidad

Este rito forma parte de la liturgia del sacramento del matrimonio en muchas parroquias católicas de Nuevo Mexico (USA). Tiene lugar después de la entrega de los anillos y antes de las intercesiones o peticiones.

















Las velas de la unidad son tres velas, dos pequeñas y una grande que ocupa el lugar central. Se colocan (sin encenderse) sobre el altar antes del comienzo de la ceremonia.















Después de la entrega de los anillos, o del rito del lazo si lo hubiere, se invita a los padres del novio y de la novia a que se aproximen al altar. Una vez frente al altar encienden las velas pequeñas de la unidad. Las velas pequeñas, que son dos y están a la derecha e izquierda de la vela grande, representan a la familia del novio y a la familia de la novia.

Entonces, se invita a los padres a situarse a un lado del altar y se llama a los novios para que se aproximen al altar. Una vez frente al altar, el novio toma la vela pequeña que han encendido sus padres y la novia toma la otra vela que han encendido los suyos y, al mismo tiempo, encienden la vela grande.















La vela grande significa la unidad del matrimonio, dos personas que son una, y la unidad de dos familias que a través de sus hijos se convierten en una familia.

Este rito es muy apreciado por los novios y familias que lo piden. A menudo escuchamos que el marido y la mujer forman una nueva familia, favoreciéndose la idea de que esta nueva familia es independiente y libre de otras ataduras familiares. Esto es muy necesario en culturas donde los lazos familiares del novio y de la novia pueden llegar a asfixiar la autonomia que necesitan para crecer como esposos.

En otras culturas, ocurre exactemente lo opuesto. Se da tanta importancia a la independencia de los novios que los padres, abuelos, hermanos y hermanas, se comportan más como amigos de los esposos que como auténtica familia. En este contexto, el rito de las velas de la unidad inspira a una relación de familia entre el matrimonio y sus parientes.













Living the Mass. How one hour can change your life
Fr. Dominic Grassi and Joe Paprocki
LoyolaPress, Chicago 2005.

El libro del P. Dominic Grassi y el catequista Joe Paprocki da por supuesto que la Misa o Eucaristía es una experiencia de fe que tiene su origen en el encuentro y la celebración.

Si la celebración de la Misa consiste solamente en escuchar palabras, ver lo que hace el cura, cumplir con un precepto, entonces, nos perdemos lo mejor de la celebración de nuestra fe.

Para el padre Dominic y Joe Paprocki, la misa dominical es el acontecimiento más importante de la semana. Durante la celebración de la misa escogemos la dirección, el ritmo y el tono que nuestra vida va a tomar a lo largo de la semana. Por eso, Dominic y Joe están convencidos de que aunque es importante saber las posturas y respuestas de la misa, más importante aún es si dejamos que nuestra vida se haga misa y si la misa continúa en nuestra vida.

El libro nos muestra que la misa es mucho mas que un rito que dura una hora más o menos.

En una sociedad dominada muchas veces por el orgullo y el ego, ponernos en la presencia de Dios es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra parroquia.

En una sociedad dominada muchas veces por los conflictos y las divisiones, reconocer nuestros temores, errores, pecados..., es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra parroquia.

En una sociedad dominada muchas veces por el cinismo, el comercio, la moda..., la palabra sincera que brota del corazón es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra parroquia.

En una sociedad dominada muchas veces por el ruido, el silencio es buena noticia cuando nos ayuda a escuchar lo mejor que hay dentro y fuera de nosotros.

En una sociedad dominada muchas veces por la pobreza y la miseria, el acto del ofertorio es buena noticia cuando traspasa la paredes de nuestra parroquia.

En una sociedad dominada muchas veces por la falta de auto-control, la indiferencia y la insolidaridad, el sacrificio de la misa es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra parroquia.

En una sociedad dominada muchas veces por la condena y la venganza, el signo de la paz es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra parroquia.

Al finalizar la lectura del libro pensé: "Qué lástima que perdamos a veces tanta energía discutiendo "cómo" celebrar la misa y no dediquemos el mismo esfuerzo a examinar "cómo" la misa transforma nuestra parroquia y a cada uno de nosotros".

lunes, 4 de noviembre de 2013

Comulgar de la mano de Jose, por M Dolors Gaja, MN

“Dos hombres, ambos de nombre José, se cercioran de que el cuerpo de Jesús reciba cuidadosamente las atenciones necesarias; el primero en la cueva de su nacimiento, el segundo, de Arimatea, en la cueva del sepulcro”, San Efrén de Nisibi.

Estas bellas palabras de Efrén de Nisibi – doctor de la Iglesia, santo del s. IV, que fue llamado la cítara del Espíritu Santo porque escribió, junto a San Juan de la Cruz, la mejor poesía teológica de la Iglesia- me han hecho pensar en nuestra actitud cuando vamos a comulgar, cuando se nos da el Cuerpo de Cristo para que también reciba todo el amor que ambos hombres le dieron.

José de Nazaret debió tomar con temor y temblor, y con inmensa alegría, aquel cuerpecito que se le confiaba para que lo cuidase y le diera lo necesario para crecer. En una cueva nació el Sol que venía de lo alto y José tomó en sus brazos al Sol, que halló en él todo su cielo. Un famosísimo soneto de Lope de Vega se inicia con los sentimientos del sacerdote al levantar a Cristo hecho pan entre sus manos:

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro,
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Para concluir diciendo:

no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
vos le dejéis de las divinas vuestras.

Y José, que no recitaría el poema de Lope, sí vería el sueño de éste cumplido: porque por haberle sostenido en sus brazos, Dios siempre le sostuvo a él y en sus brazos murió. La Eucaristía es la actualización de la Encarnación. Al acercarme a comulgar me convierto en otro Cristo y la cueva de mi vida queda transfigurada tal como canta San Juan de la Cruz.

¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

Mi vida es a veces esa caverna que la Lámpara eucarística alumbra “con extraños primores”. Pero convendría que como José de Arimatea depositara el cuerpo de Jesús en una cueva, un sepulcro nuevo. Si Jesús se encarnó en un seno virginal y virgen era la tierra que lo recibió, virgen debe ser mi corazón para que Encarnación y Resurrección se manifiesten en mí. Vayamos a comulgar con la misma devoción y unción con que José de Nazaret y José de Arimatea tomaron en sus brazos el Cuerpo santo de Jesús.

Más de 5000 niños reciben la primera comunión el día de la Inmaculada Concepción en Perú

Más de cinco mil niños recibirán por primera vez el sacramento de la Eucaristía en las parroquias de la Archidiócesis de Lima, el sábado 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Como ya es tradición en la Archidiócesis de Lima, los niños recibirán por primera vez la Eucaristía en una Solemne Misa. Y, por tratarse de una solemnidad mariana, al término de la celebración se consagrarán a la Virgen María. Acompañarán a los niños sus padres, familiares y amigos.

Cabe destacar que para recibir el Sacramento, se han preparado durante todo el año, a través de los diversos programas de Catequesis que se imparten en las parroquias de la Archidiócesis. El cardenal Juan Luis Cipriani presidirá la Santa Misa en la catedral de Lima el sábado 8 de diciembre por la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Fuente: zenit.org

"Viviendo la Misa. Cómo puede una hora a la semana cambiar tu vida", por Dominic Grassi y Joe Paprocki















Living the Mass. How one hour can change your life
Fr. Dominic Grassi and Joe Paprocki
LoyolaPress, Chicago 2005.

El libro del P. Dominic Grassi y el catequista Joe Paprocki da por supuesto que la Misa o Eucaristía es una experiencia de fe que tiene su origen en el encuentro y la celebración. Porque si la Misa consiste tan solo en escuchar palabras, ver lo que el cura hace, cumplir con un precepto, entonces, nos perdemos lo mejor de la celebración y pasamos de un domingo a otro siendo más de lo mismo, pero más viejos y cansados.

El padre Dominic y Joe Paprocki nos explican que la misa dominical es el acontecimiento más importante de la semana. Durante la celebración escogemos la dirección, el ritmo y el tono de nuestra vida a lo largo de la semana. Por eso, Dominic y Joe están convencidos de que aunque es importante saber las posturas y respuestas de la misa, más importante aún es si dejamos que nuestra vida se haga misa y si la misa continua en nuestra vida.

El libro nos muestra que la misa es más que un rito que dura una hora.

En una sociedad dominada por el orgullo, ponernos en la presencia de Dios es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra iglesia.

En una sociedad dominada por los conflictos y las divisiones, el reconocimiento de nuestra faltas es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra iglesia.

En una sociedad dominada por el cinismo, el comercio, la moda..., la palabra que brota del corazón de las personas es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra iglesia.

En una sociedad dominada por el ruido, el silencio es buena noticia cuando nos ayuda a escuchar lo mejor que hay dentro y fuera de nosotros.

En una sociedad dominada muchas veces por la pobreza y la miseria, el acto del ofertorio es buena noticia cuando traspasa la paredes de nuestra iglesia.

En una sociedad dominada por la falta de auto-control, la indiferencia y la insolidaridad, el sacrificio de la misa es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra iglesia.

En una sociedad dominada muchas veces por la condena y la venganza, el signo de la paz es buena noticia cuando traspasa las paredes de nuestra iglesia.

Al finalizar la lectura del libro pensé: "Qué lastima que dediquemos a veces tanta energía discutiendo "cómo" celebrar la misa y no dediquemos al menos la misma energía a examinar "cómo" la misa transforma nuestra vida".

Celebración de la fiesta de la Epifanía con los jóvenes de confirmación


Hemos celebrado la fiesta de la Epifanía del Señor en nuestra parroquia de la Sagrada Familia, en Chimayo, New Mexico (USA), y os presentamos a nuestros tres sabios o reyes magos, que son tres voluntarios (Márquez, John y Christopher) del grupo de jóvenes que se están preparando para recibir el sacramento de la confirmación en mayo 2013.

Los tres han participado en la procesión de entrada y, durante el ofertorio de la misa, han traído las ofrendas al altar. Los trajes fueron diseñados por madres y abuelitas que colaboran habitualmente en la parroquia y las coronas se compraron a través de internet.

Durante la catequesis de este domingo hemos hecho hincapié en la universalidad de la fe cristiana, en la hospitalidad, en las señales y signos que nos acercan a Dios y a las personas, en la familia de los hijos e hijas de Dios, en el episodio bíblico de la epifanía o manifestación de Dios como una catequesis para conocer mejor la identidad y misión de Jesús.

Preparación del retiro de Adviento por los jóvenes de la catequesis de confirmación

Por segundo año consecutivo los jóvenes que se preparan para recibir el sacramento de la confirmación han preparado el retiro de Adviento de la parroquia, junto con los catequistas y el párroco.

La idea de que los jóvenes participaran activamente en la preparación del retiro de Adviento surgió el año pasado. ¿El motivo? La espiritualidad del Adviento nos presenta la novedad, la sorpresa, la humildad, la simplicidad y la sencillez, el desafío... como señales de la presencia de Dios en medio de nosotros. Los jóvenes encarnan todo eso y mucho más.

Durante las últimas semanas el grupo de confirmación tuvo que añadir un par de clases más entre semana para preparar el retiro de Adviento, pero durante esas horas los candidatos a recibir el sacramento de la confirmación dejan de estar a la escucha para proponer y organizar lecturas, meditaciones, oraciones y actividades, destinadas a los adultos y... parece que el esfuerzo vale la pena.

Los catequistas marcan la pauta del retiro (temas y horario) pero los jóvenes deciden el enfoque y la manera de hacer las presentaciones. Si se les dice a los jóvenes lo que tienen que decir, entonces, el retiro de Adviento no funciona, ni para ellos ni para el resto de los participantes.

La finalidad del retiro de Adviento no es enseñar doctrina, lo cual ya se hace en las clases, sino abrir los corazones de los participantes. El corazón se abre cuando nuestras experiencias, alegrías y tristezas, gozos, esperanzas, conflictos, problemas... entran a formar parte de nuestra oración y son iluminadas por ella.





























Susi dijo...
Me encantó lo leido sobre la preparación del Retiro de Adviento. pregunto de ser posible si puedo recibir material del mismo. estoy con un grupo de jovencitos de 12 a 14 y15 años y seria maravilloso contar con el material para experimentar y sumar al camino trazado en el grupo de perseverancia de nuestra Parroquia aqui en Rosario Argentina

JULIO GONZALEZ, S.F. dijo...
Hola, Susi, el retiro del cual hablamos tuvo lugar hace dos años y quedamos muy contentos del resultado. Sin embargo, al año siguiente tomó el relevo la Asociación de la Sagrada Familia puesto que también nos pedían retiros de Adviento con temas familiares (también este año). Tal vez, el próximo retiro de Adviento vuelva a prepararlo los chicos y chicas de confirmación con sus catequetistas. El retiro comenzaba a las 9:00 am con el rezo de laudes (antes habíamos hecho una breve introducción sobre el significado de la Liturgia de las Horas). El tema escogido por el grupo de confirmación fue el Año Litúrgico. Recuerdo que teníamos un montón de vestidos y ornamentos liturgicos en el auditorio porque una imagen vale más que mil palabras... Los jóvenes presentaron el Adviento, la Navidad, la Cuaresma, la Semana Santa, Pascua, Pentecostes... y dieron pistas de cómo vivirlo en la parroquia y en familia. Las familias que atendían el retiro también daban ideas y preguntaban cuando no entendían algun símbolo. Algo que ayuda mucho es tener al coro de la parroquia, o algunos de sus miembros, para cada media hora alabar al Señor con un canto. Esto sirve también para cambiar de posición y que el cuerpo no se acostumbre a hacer lo mismo durante mucho rato. Otro momento que muchos recuerdan es un concurso de vocabulario religioso que los jóvenes prepararon. Hay muchas palabras en nuestra liturgia y cultura religiosa que muchos no entienden. Preparar una mesa con comida, bebidas refrescantes, cafe, chocolate, pastelistos, donuts... es parte del retiro. Todos colaboran. Tan importante como la presentación de los temas es conseguir un clima de familia entre todos. El retiro finalizó a las 2:00 pm de la tarde. Espero que esto pueda servirte un poco de ayuda. Si quieres más información no dudes en pedirla. Un abrazo y feliz Adviento.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Marcos 16,15-20: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado"

Marcos 16,15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos." Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Hechos 8,26-40: "Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?" Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó".

Hechos 8,26-40

En aquellos días, el ángel del Señor le dijo a Felipe: "Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto." Se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: "Acércate y pégate a la carroza." Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: "¿Entiendes lo que estás leyendo?" Contestó: "¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?" Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: "Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos." El eunuco le preguntó a Felipe: "Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?" Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: "Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?" Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría. Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Hechos 16,22-34: "El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos"

Hechos 16,22-34

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los apalearan; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban. De repente, vino una sacudida tan violenta que temblaron los cimientos de la cárcel. Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pablo lo llamó a gritos: "No te hagas nada, que estamos todos aquí." El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó y les preguntó: "Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?" Le contestaron: "Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia." Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos, los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.

Hechos 1,1-11: "Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo."

Hechos 1,1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó: "No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo." Ellos lo rodearon preguntándole: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?" Jesús contestó: "No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo." Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse."

Lucas 12,49-53: "Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!"

Lucas 12:49-53
20 Domingo del tiempo ordinario, C

He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro, sino división.  Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;  estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Colosenses 2,12-13: "Por el bautismo fuisteis sepultados con el, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos".

Colosenses 2:12-13

Por el bautismo fuisteis sepultados con el, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados

La Cuaresma, redescubrir nuestro bautismo, por Benedicto XVI

La Cuaresma es una ocasión para redescubrir el sentido y el valor del Bautismo, recordó el papa Benedicto XVI en su mensaje para la Curesma de 2011. Con el tema “Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado” (Col 2,12), el Papa nos invita a hacer de la cuaresma un “camino de purificación para vivir mas plenamente la nueva vida que hemos recibido del Señor”.

Benedicto XVI destaca que el hecho de que en la mayoría de los casos este sacramento sea recibido por los niños, “pone de relieve que es un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas”“Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela de fe y vida cristiana”.

“Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la 'tierra', que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo”.

A través de la práctica tradicional del ayuno, de la limosna y de la oración, “expresiones del compromiso de conversión”, la Cuaresma nos enseña “a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo”.

- El ayuno

El ayuno tiene para el cristiano “un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro 'yo', para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos”.

“Para el cristiano el ayuno abre a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo”. De este modo, se aprende a resistir “ante la tentación del tener, de la avidez de dinero”.

- La limosna

“El afán de poseer provoca violencia y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir”.

“¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro?”.

La práctica de la limosna “nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia”.

- La Palabra y la oración

“Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor, ¿qué puede haber más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios?”, dice el Papa en su Mensaje. Por esto, en los evangelios de los domingos de Cuaresma la Iglesia “nos guía a un encuentro con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él”.

Interiorizando la Palabra de Dios para vivirla se aprende “una forma de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo”. La oración permite también adquirir “una nueva concepción del tiempo”.

El tiempo, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia “simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro”, mientras que en la oración se encuentra “tiempo para Dios”“para entrar en la íntima comunión con El y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna”.

Conclusión

El itinerario cuaresmal consiste en el “hacerme semejante a él en su muerte”“para llevar a cabo una conversión de nuestra vida”: “dejarnos transformar como Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo”.

“El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo”.

Primera catequesis bautismal (tercera parte)

QUEREMOS UNA VIDA Y UN MUNDO MEJOR PARA NUESTROS HIJOS/AS

Tercero:

La tercera creencia "básica" de nuestra catequesis bautismal suele ser una de las más difíciles de explicar de modo que tenga sentido para la manera de pensar de hoy. Me refiero al bautismo y al pecado original.

La "caída" (pecado) de Adán y Eva; cómo ese pecado afecta a las personas; y cómo ese pecado es borrado en el bautismo, atraviesa una profunda crisis de sentido. La mayoría de las personas entienden las palabras que utilizamos al hablar del pecado original pero no saben de qué estamos hablando.

Yo les digo a los padres y padrinos que al pedir el sacramento del bautismo para su hijo o ahijado "me están diciendo que desean una vida y un mundo mejor para esta persona. Ustedes desean que el/ella no cometa los mismos errores, fracasos, pecados, que ustedes (nosotros) hemos cometido. Al mismo tiempo, ustedes reconocen que necesitan ayuda (de la Iglesia, de Dios, de todos), para que su hijo sea mejor de lo que nosotros somos"

"Por eso, están ustedes aquí. Humildemente reconocemos que a menudo hacemos el mal que no queremos y no hacemos el bien que deseamos hacer. Esta es nuestra experiencia del pecado original. No deseamos esto para los hijos y pedimos a Dios que los (y nos) purifique con el agua del bautismo y renueve sus bendiciones sobre todos nosotros."

Fin de la Primera Catequesis Bautismal

Primera catequesis bautismal (segunda parte)


....MARTINEZ, SANDOVAL, PUJOL, O'MALLEY, MURRAY..., Y TAMBIEN "CRISTIANO/A"

Segundo:

"Al pedir el sacramento del bautismo", les digo, "reconocéis que vuestro hijo es parte de una familia más grande que los Martínez, Sandoval, Pujol, O'Malley, Murray..." Al recibir el sacramento del bautismo entramos a formar parte de la Iglesia, que es una familia de familias.

Por eso, todos los cristianos tenemos unos derechos y unas responsabilidades como miembros de esta gran familia que es la Iglesia. Por ejemplo, ustedes tienen la responsabilidad de traer a su hijo a la Iglesia al menos el Domingo, que es el día que los cristianos celebramos nuestra fe y la resurreción del Señor.

La familia cristiana se reúne, se encuentra..., todos los domingos para compartir y celebrar su fe. Si ustedes no vienen, si su hijo o ahijado no viene a la Iglesia, entonces la familia no está al completo, faltan algunos... y ustedes saben muy bien que una celebración familiar se resiente cuando faltan miembros de la familia. Por eso, si ustedes quieren que estos niños formen parte de la familia cristiana, tráiganlos a la iglesia al menos el domingo.

La iglesia, por su parte, al aceptar a su hijo como miembro de la familia acepta al mismo tiempo la responsabilidad de acompañarlo en su crecimiento humano y espiritual; por eso, la iglesia está con ustedes al menos durante la celebración de los sacramentos, y reza siempre por su hijo. Yo, por mi parte, como sacerdote al servicio de esta familia (Iglesia), acepto la responsabilidad de estar disponible siempre que ustedes necesiten dirección espiritual, oración, comunión, reconciliación...

Tercero:
(continuará)

Primera catequesis bautismal (primera parte)



"NO SOMOS 'DUEÑOS' DE LA VIDA"

Ayer tuvimos catequesis bautismal en la parroquia. La sala estaba llena de papás, mamás, padrinos y madrinas. También había un par de "babies". Todos eran católicos, más o menos practicantes, menos una pareja que no pertenece a ninguna iglesia pero han aceptado que su hija sea bautizada y educada en la fe católica. A todos se les ve felices aunque tuvieron una jornada pesada de trabajo.

Cuando les pregunto si alguno de ellos puede explicarme el significado del sacramento del bautismo, la expresión de sus rostros es de alarma. "Vamos", les digo, "imagínense que tienen ante ustedes una persona que no es católica o creyente... y les preguntan "¿por qué bautizan a sus hijos?". ¿Qué les responden?"

Silencio. Sería interesante compartir aquí algunas de las respuestas a veces he escuchado, pero me alargaría demasiado y no viene a cuento. Baste con decir que algunas explicaciones que me han dado son muy difíciles de entender incluso por mí.

Entonces les digo que voy a compartir con ellos algunas creencias "básicas" de nuestra fe católica y que al final de la catequesis deberían ser capaces de "dar razón" de lo que están pidiendo a la Iglesia de una manera que sea comprensible para un creyente y también para un no creyente.

Hay tres creencias muy sencillas que forman la primera parte de la catequesis de bautismo:

Primero:

Unos padres/padrinos que piden el bautismo para su hijo/ahijado reconocen que la vida de esta persona es un don, un regalo, una gracia... Por eso, la vida de esta persona no les pertenece como les pertenece su casa o su cuenta bancaria.

"Ustedes", les digo, "al pedir el bautismo están reconociendo que no son los "dueños" de la vida de esta persona". "Si alguien puede decir que esta vida le pertenece, ese alguien es... Dios."

¿Entienden lo que digo? Veo a la pareja-sin-iglesia que se agarran la mano y asienten de una manera que me dice que sí, que por ahora, comprenden lo que digo.

Alguna vez, una pareja me ha dicho: "Comprendemos que no somos los dueños de la vida de nuestro hijo, pero, entonces, ¿qué somos?"

"Pues sois los que cuidáis de esa vida", les digo, "para que pueda desarrollarse en su totalidad: sus talentos, habilidades, capacidad de amar, de perdonar... Sois sus cuidadores, pero no sus dueños."

Esta creencia de nuestra fe es muy importante porque se traduce en el modo como sentimos la vida de la persona que apadrinamos.

Segundo:
(continuará)

sábado, 26 de octubre de 2013

Los árboles del paraíso y el bautismo cristiano, por Martín Gelabert, O.P.


Según el libro del Génesis, en el paraíso en el que se encontraban los primeros humanos, había dos árboles extraordinarios: el de la vida y el del conocimiento del bien y del mal.

Como su mismo nombre indica, se trata de dos árboles simbólicos. El árbol de la vida se encuentra en la mitología antigua. Quien come de él, obtiene la inmortalidad. El relato afirma que el hombre, mortal por naturaleza (sacado del barro), ha sido creado a imagen de Dios. Es como un “hijo de Dios”, al que se le ofrece, como un regalo, la vida inmortal. Es un regalo, no un derecho, porque sin el regalo el hombre es mortal. Sin embargo, este humano es una criatura. No tiene el conocimiento divino ni el poder absoluto de decretar lo que es bueno y lo que es malo. Este límite de la condición humana está simbolizado por el otro árbol, el árbol prohibido, el del conocimiento del bien y del mal. Por esta razón la astuta serpiente tienta a Eva, diciéndole que es posible conocer y decidir sobre el bien y el mal y, así, ir más allá del límite: “si coméis de este árbol, seréis como dioses” (Gen 3,5).

Según el Génesis, los dos árboles, contrarios e incompatibles, están en “el centro del jardín” (Gen 2,9). En el centro de la existencia. Esta dualidad es perfectamente coherente y hay que tenerla muy en cuenta si queremos entender el mensaje que el texto transmite.

Del primer árbol se puede comer; pero está prohibido, bajo pena de muerte, comer del segundo. Los dos arboles son el signo de una oposición fundamental y universal: la Vida y la Muerte. El humano debe escoger uno u otro camino. Porque el humano no es un animal como los otros. No es un autómata. Es libre, más aún, es el interlocutor de Dios. Puede convertirse en amigo de Dios, y cumplir su voluntad; es lo propio de los amigos, que buscan complacer al amigo; o separarse de Dios y seguir su propio camino. En adelante este será el dilema de Israel y, por extensión de toda la humanidad: “Yo os propongo el camino de la vida y el camino de la muerte” (Jr 21,8). Pero la voluntad de Dios es clara: “Escoge la vida” (Dt 30,19).

La elección fundamental entre vida y muerte, bien y mal, sigue siendo totalmente válida. Para el cristiano, el simbolismo del primer jardín se encuentra en el simbolismo sacramental del bautismo. El doble rito de la renuncia a Satanás y de la adhesión a Cristo es el lugar sacramental de esta elección decisiva. El creyente renuncia a la vía del mal y se compromete a seguir la vía de Cristo que conduce a la vida eterna. El catecúmeno hace así lo contrario de lo que hizo el primer hombre. Adán hizo una mala elección. Siguiendo a Cristo, Camino, Verdad y Vida, el catecúmeno encuentra abierto el camino que conduce al árbol de la vida.

sábado, 5 de octubre de 2013

24 Domingo del tiempo ordinario, C

Primera lectura:
Exodo 32:7-11,13-14

Entonces el Señor le dijo a Moisés:
— Baja, porque ya se ha corrompido el pueblo que sacaste de Egipto. Demasiado pronto se han apartado del camino que les ordené seguir, pues no sólo han fundido oro y se han hecho un ídolo en forma de becerro, sino que se han inclinado ante él, le han ofrecido sacrificios, y han declarado: "Israel, ¡aquí tienes a tu dios que te sacó de Egipto!" Ya me he dado cuenta de que éste es un pueblo terco —añadió el Señor, dirigiéndose a Moisés—. Tú no te metas. Yo voy a descargar mi ira sobre ellos, y los voy a destruir. Pero de ti haré una gran nación.
Moisés intentó apaciguar al Señor su Dios, y le suplicó:
—Señor, ¿por qué ha de encenderse tu ira contra este pueblo tuyo, que sacaste de Egipto con gran poder y con mano poderosa? Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac e Israel. Tú mismo les juraste que harías a sus descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo; ¡tú les prometiste que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna!
Entonces el Señor se calmó y desistió de hacerle a su pueblo el daño que le había sentenciado”.

Segunda lectura:
1 Timoteo 1:12-17

“Doy gracias al que me fortalece, Cristo Jesús nuestro Señor, pues me consideró digno de confianza al ponerme a su servicio. Anteriormente, yo era un blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mí porque yo era un incrédulo y actuaba con ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor se derramó sobre mí con abundancia, junto con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús. Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero precisamente por eso Dios fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores, pudiera Cristo Jesús mostrar su infinita bondad. Así vengo a ser ejemplo para los que, creyendo en él, recibirán la vida eterna. Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén".

Evangelio:
Lucas 15:1-32

Muchos recaudadores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para oírlo, de modo que los fariseos y los maestros de la ley se pusieron a murmurar:
— Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.
Él entonces les contó esta parábola:
— Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros y vuelve a la casa. Al llegar, reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido." Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse. O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido”. Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente. Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: "Papá, dame lo que me toca de la herencia." Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia. Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. Por fin recapacitó y se dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros." Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: "Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo." Pero el padre ordenó a sus siervos: "¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado." Así que empezaron a hacer fiesta. Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música del baile. Entonces llamó a uno de los siervos y le preguntó qué pasaba. "Ha llegado tu hermano —le respondió—, y tu papá ha matado el ternero más gordo porque ha recobrado a su hijo sano y salvo." Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera. Pero él le contestó: "¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos! ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!" "Hijo mío —le dijo su padre—, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado."

"A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Juan 20:23)

Hoy, una persona me ha dicho: "No entiendo eso de 'a quienes se los retengáis, les quedan retenidos'. ¿Puede explicarme el significado de 'retener los pecados?"

La primera respuesta que me ha venido a la mente es que para los primeros cristianos fue una novedad perdonar pecados. Para algunos creyentes esto era objeto de escándalo: "Perdonar solo puede perdonar Dios, lo que decís es una blasfemia!"

El evangelio de Juan hace hincapié en que Dios quiere que nos amemos y perdonemos como El nos ama y perdona. Esto para la Iglesia hoy es normal, pero al principio supuso un gran desafío. Por eso, Juan le da tanta importancia y lo presenta como lo que es: un momento fundante, es decir, una novedad que caracteriza a la nueva comunidad cristiana.

El problema de algunos creyentes al escuchar "a quienes se los retengáis, les quedan retenidos", es que creen que aquí de lo que se habla es de una autoridad al estilo de los poderosos de este mundo. Si es así, todavía no hemos entendido nada.

En primer lugar, perdonar los pecados es un don que recibimos de Dios. En segundo lugar, no recibimos este don para tener poder y autoridad sino para servir, sanar, reconciliar. Un don es algo que se recibe y se ofrece gratuitamente, no porque nos lo merecemos. Por eso, cuando escuchamos "a quienes se los perdonéis, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos", debemos darnos cuenta de que la importancia de estas palabras no reside en nuestra opinión o juicio para no perdonar, sino en que hemos recibido el Espíritu Santo para perdonar, de lo contrario, no necesitaríamos el don del Espíritu Santo.

Sacramento del Matrimonio: significado de las velas de la unidad

Las velas de la unidad forman parte de la liturgia del sacramento del matrimonio en muchas parroquias católicas de Nuevo Mexico (USA). Tiene lugar después de la entrega de los anillos y antes de las intercesiones o peticiones.


















Las velas de la unidad son tres velas, dos pequeñas y una grande que ocupa el lugar central. Se colocan (sin encenderse) sobre el altar antes del comienzo de la ceremonia.
















Después de la entrega de los anillos, o del rito del lazo si lo hubiere, se invita a los padres del novio y de la novia a que se aproximen al altar. Una vez frente al altar encienden las velas pequeñas de la unidad. Las velas pequeñas, que son dos y están a la derecha e izquierda de la vela grande, representan a la familia del novio y a la familia de la novia.

Entonces, se invita a los padres a situarse a un lado del altar y se llama a los novios para que se aproximen al altar. Una vez frente al altar, el novio toma la vela pequeña que han encendido sus padres y la novia toma la otra vela que han encendido los suyos y, al mismo tiempo, encienden la vela grande.
















La vela grande significa la unidad del matrimonio, dos personas que son una, y la unidad de dos familias que a través de sus hijos se convierten en una familia.

Este rito es muy apreciado por los novios y familias que lo piden. A menudo escuchamos que el marido y la mujer forman una nueva familia, favoreciéndose la idea de que esta nueva familia es independiente y libre de otras ataduras familiares. Esto es muy necesario en culturas donde los lazos familiares del novio y de la novia pueden llegar a asfixiar la autonomía que necesitan para crecer como esposos.

En otras culturas, ocurre lo opuesto. Se da tanta importancia a la independencia de los novios que los padres, abuelos, hermanos y hermanas, se comportan más como amigos de los esposos que como auténtica familia. En este contexto, el rito de las velas de la unidad inspira a una relación de familia entre el matrimonio y sus parientes.