martes, 28 de octubre de 2014

Unción de los enfermos: ¿Puede un diácono o un laico administrar el sacramento de la unción de los enfermos?

El Óleo de los Enfermos se utiliza sólo en la unción que se recibe durante el sacramento y solamente un sacerdote puede administrar válidamente este sacramento. Por esta razón, a los diáconos, a los ministros de la comunión a los enfermos u otras personas que rezan con los enfermos, se les aconseja no utilizar ningún tipo de aceite para evitar dar la impresión de celebrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Fuentes: Rito de la Unción, Derecho Canónico

Unción de los Enfermos: Cuando la persona ya está muerta, ¿se le puede administrar el sacramento de la unción de los enfermos?

Si la persona ya está muerta, el sacerdote no administra el sacramento de la unción de los enfermos. En su lugar, reza la oración de los muertos para esa persona. Estas oraciones piden perdón a Dios por los pecados del difunto y que Dios lo reciba en el reino de los cielos (Rito de la Unción, 15). 

Unción de los enfermos: ¿Debe estar una persona muriéndose para poder recibir el sacramento de la unción de los enfermos?

La Unción de los Enfermos se puede administrar a los fieles que tienen uso de razón y cuyo estado de salud se ve seriamente afectado por enfermedad o vejez. (Can.1004 y Rito de la Unción 4)

Algunos ejemplos serían:
  • antes de una operación quirúrgica debido a una enfermedad grave; 
  • los ancianos cuya salud está seriamente debilitada; 
  • niños enfermos que tienen uso de razón. 
El Derecho Canónico indica que si hubiera duda de si la persona tiene uso de razón, o está seriamenta enferma o, incluso, muerta, el sacramento puede ser administrado (Canon 1005, Rito de la Unción 8, 10,12).

Fuentes: Rito de la Unción, Derecho Canónico

lunes, 27 de octubre de 2014

EXEQUIAS: Cuando un cristiano se suicida

¿Qué se le puede decir a la familia de un persona bautizada que se ha suicidado? Cuando una familia en esta situación viene a verte (o tú vas a verles) lo más importante, además de las palabras que uno pueda decir, es que se sientan acogidas, acompañadas y respetadas en su dolor.

Durante el funeral

El momento de escuchar y comentar las lecturas durante el funeral es muy especial porque no deben ser nuestras palabras las que se escuchen en la iglesia sino la palabra de Jesús.

En el funeral de Jimmy Romero le he preguntado a la familia si recordaban las primeras palabras de Jesús Resucitado a sus discípulos, sobre todo a esos discipulos que le habian abandonado e incluso negado en unas circunstancias trágicas para todos (sí, también para los discípulos), pero más que nadie para Jesús.

Las primeras palabras de Jesus fueron "paz a vosotros". Y, ¿las siguientes? Las siguientes palabras fueron "no tengais miedo". Es importante para la familia del difunto recordar estas palabras de Jesús en estos momentos de dolor y a veces de enfado.

Incluso cuando hemos abandonado y negado al Señor como Pedro, Judas, Andres, Santiago..., tambien estas palabras van dirigidas a nosotros: "Paz a vosotros", "No tengais miendo". Porque si en nuestros corazones solo hay miedo, desesperación, angustia, enojo y desánimo, entonces, tenemos ojos y no vemosoidos y no escuchamos más allá de nuestro orgullo, debilidad y pecado.

Esta es la diferencia, por ejemplo, entre Judas y Pedro. Al escuchar la invitación, "paz a vosotros" y "no tengais miedo", Pedro es capaz de ver más allá de su negación. En su corazón todavía queda espacio para esas palabras; mientras que en el corazón de Judas no queda ya espacio para lo que no sea su desgracia, su aflicción, su traición.

También tenemos que recordar las palabras del apóstol Tomás"Si no veo la marca de los clavos y meto los dedos en la herida de su costado, no creeré".

Tomás, como Pedro y los otros apóstoles, también creyó que estos no habian visto a Jesús sino a un fantasma. Nos debería llamar la atención que Tomás no ponga como condición para creer que le introduzcan a los ángeles y ejércitos celestiales; es decir, Tomás podría haber dicho: "Si no veo los coros y el ejército celestial del Salvador, no os creo".

Tomás tiene muy grabadas en su recuerdo las heridas de Jesús: "Si no veo las marcas de los clavos, la herida del costado"... Qué lección para nosotros! Qué fácil nos parece que es ser cristiano cuando todo nos marcha bien y que fácil es dudar de Dios cuando sufrimos, cuando estamos enfermos, cuando nuestros planes no se cumplen. A su modo, Tomás nos está diciendo que dudemos de la presencia de Jesús en nuestras vidas si ese Jesús no tiene el costado abierto y la marca de los clavos.

El sufrimiento, le enfermedad y la pobreza de las personas es lo que le permitió decir a madre Teresa"En vuestro rostro veo el rostro de Jesús". Damos testimonio de nuestra fe aceptando la cruz, el dolor, las dudas y las contradicciones de cada día. Es ahí donde damos testimonio de quienes somos. Y por eso, también en momentos como este nos reunimos alrededor del altar para compartir nuestro dolor y nuestra esperanza, nuestros pecados y nuestra fe.

Algunas personas nunca pudieron entender por qué Jesús hablaba con mujeres de mala fama, enfermas e impuras. No entendieron por que Jesús comía con pecadores y personas de mal vivir. Y mucho menos que Jesús ensalzara la fe los paganos. Estas mismas personas tampoco pueden entender al Jesús crucificado, con las heridas de su costado, manos y pies, todavía abiertas.

viernes, 26 de septiembre de 2014

EXEQUIAS: Eclesiastés 3,1-11

Eclesiastés 3,1-11

Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Cada vez hay en España más bautizos a los 7 años: sin bautizar de bebés, quieren hacer la comunión, por M. Arrizabalaga

«Mamá, quiero hacer la comunión». A sus 9 años, Carlota Barrio ha repetido con tanta convicción esta petición a su madre a lo largo de los últimos cursos que el próximo sábado 24 de mayo se vestirá de blanco para recibir la Primera Comunión en la parroquia de Nuestra Señora del Dolor del Colegio Fundación Caldeiro de Madrid.

«Mira que no vas a tener vestido, ni regalos, ni fiesta, que la harás con el uniforme del colegio», le dije, pero aún así me contestó que sí y eso que sabe que lo que digo lo cumplo», relata su madre Carolina Fernández.

— Cristianos contra pronóstico

A Carlota, como a su hermano pequeño, no les bautizaron de pequeños. Su padre no es creyente y dejaron que fueran ellos quienes tomaran su decisión más adelante cuando estuvieran convencidos.

Por eso, preguntaron en varias ocasiones a su hija, intentando que no se dejara llevar por todo lo que rodea a la celebración. Un dato les llamaba la atención: su mejor amiga no iba a recibir el sacramento.

«Ha tenido todas las opciones y ha elegido que sí. Ella la va a hacer convencida. Irá con un vestido porque mi madre se lo regala, pero sabe que no va a tener regalos y que solo nos vamos a ir la familia a comer, nada más», asegura Fernández.

El pasado enero fue bautizada junto a otra docena de niños que, en su mayoría, han celebrado o celebrarán en los próximos días su Primera Comunión.

Fue el bautismo de niños de catequesis más multitudinario de los últimos años en esta parroquia. Entre ellos se encontraban Diego y Sofía, dos hermanos de 8 y 7 años que la harán el año que viene y que tampoco fueron bautizados al nacer.

«Queríamos dejarles a ellos la decisión, así lo hicimos con su hermano mayor y lo haremos con el pequeño», dice Beatriz, su madre.

«Son experiencias nuevas que están surgiendo alrededor de esta celebración», señala Juan Luis Martín Barrios, director del Secretariado de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, que explica cómo «con motivo de la Primera Comunión, niños que no habían sido bautizados piden ahora el bautismo».

En el caso de los adultos, tras un proceso catequético reciben el bautismo, la comunión y la confirmación en una misma celebración, a la que no acompaña el el boato social de las primeras comuniones infantiles.

— Algunas cifras españolas

La Conferencia Episcopal no ha cuantificado cuántos de los 250.000 niños que cada año reciben la Primera Comunión han sido bautizados para ello poco antes.

Solo que en 37 de las 69 diócesis fueron 1.269 niños en 2011.

Ese mismo año y en esas mismas 37 diócesis recibieron el bautismo 165 adultos «y se iniciaban en la fe otros 260 para 2012», señala Martín Barrios, quien advierte de que «el caso de adultos que no recibieron la fe de sus padres y ahora la solicitan también está creciendo en España».

Según la Oficina de Estadística y Sociología de la Iglesia, un total de 10.345 personas mayores de 7 años fueron bautizadas en 2011, 2.323 más que en 2005.

— Contra «tantos gastos superfluos»

«La Iglesia ha cuidado la significatividad del sacramento, pero siempre ha procurado que fuera en la sencillez y en la dignidad. Ha sido nuestra sociedad de consumo la que se ha metido de lleno en las celebraciones sacramentales de la Primera Comunión, igual que en las bodas», señala Martín Barrios, que se muestra contrario a «tantos gastos superfluos».

«Nos preocupa más, como preocupó siempre, que el niño celebre lo que significa la Eucaristía, que sus padres y su familia le acompañen en la celebración y que no haya dispendios económicos, sociales… más aún en los tiempos de crisis», añade.

Los catequistas y sacerdotes piden a los niños «que no se centren en los regalos y que a la vez sea un día de poder compartir con los pobres».

El dinero que dejan los padres en la parroquia se destina fundamentalmente a ese fin vía Caritas, pero se intenta que sea también un acto catequético para los niños. Por eso piden que los propios menores entreguen una pequeña cantidad de lo que reciben a otros niños necesitados «para que tomen conciencia de lo que significa la relación de recibir la eucaristía y la caridad con los pobres», subraya Martín Barrios.

— Cuando sólo un padre se niega...

La decisión de los niños de hacer la Primera Comunión se topa en ocasiones con la negativa de alguno de los padres, sobre todo en los casos de separaciones o divorcios. «Nos llegan cartas de padres separados que pretenden que no se les dé la comunión a sus hijos», relata el director del Secretariado de Catequesis, que explica cómo «si el padre o la madre acompañan al niño que quiere hacer la comunión, la Iglesia no puede negársela porque es un derecho del niño».

Para que un niño reciba la Primera Comunión no es necesario que sus padres sean cristianos, «ni incluso para bautizar a un niño», señala Martín Barrios. Sí se pide a los padrinos que reúnan las condiciones necesarias porque «¿cómo va a apadrinar la fe de un niño quien no ha confirmado la suya?», se pregunta.

— Adelantar o retrasar la edad

Los niños deben asistir a dos años de catequesis que por lo general comienza a los 8 años para realizar la Primera Comunión en torno a los 9 años, en 3º de Primaria, la edad que desde los años 70 se estima adecuada.

«En el Código de Derecho Canónigo se dice que debe hacerse “con el uso de razón”», explica el sacerdote, quien recuerda cómo antes se tomaba a los 6-7 años, pero ahora «los niños tienen todas las experiencias posibles antes de lo que teníamos nosotros, pero maduran más tarde. Lo que se pide es que tengan la madurez necesaria para conocer lo esencial de lo que celebran».

Por eso, Martin Barrios se muestra en contra de adelantar la edad en España, un debate que sigue presente. «Ahora mismo hay un niño que va a hacer la primera comunión en la parroquia que atiendo en un pueblecito de 250 habitantes al que yo le hubiera dado la Primera Comunión a los 7 años. ¿Qué ocurre? Que en las mismas circunstancias hay niños que no pisan la Iglesia, que no vienen a catequesis... esos niños no estarían preparados a esa edad». Añade que es un tema delicado «porque depende de la familia, del ambiente que le rodea y de la madurez del niño».

Desde la Conferencia Episcopal se alienta para que el niño recorra un camino de iniciación cristiana desde la familia, pase por una etapa de despertar religioso a los 6 y 7 años antes de asistir a la catequesis de iniciación sacramental a los 8 y 9, con la Primera Penitencia y la Primera Comunión, y a partir de los 10 a 12 en adelante continúe su personalización de la fe para recibir la confirmación.

«Ahora nos centramos mucho en cómo se hace cristiano el niño, el adolescente… o el adulto. A un niño se le atiende, se le educa en la fe y cuando se cree conveniente que de acuerdo con su edad ha madurado en la fe se le da el sacramento», subraya Martín Barrios.

Fuente: abc.com

La oración de los fieles, por el P. José María Iraburu

La Oración de los fieles en la Santa Misa es una gran Oración que el Concilio Vaticano II restableció «de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres» (Sacrosanctum Concilium 53).

Tiene su origen en los Apóstoles, como se ve en algunas exhortaciones de San Pablo: «ruego, pues, lo primero de todo, que se hagan oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto» (1Tim 2,1-2).

En esta gran Oración universal litúrgica «el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres» (Ordenación Gral. del Misal Romano 45), y «es muy útil para manifestar y favorecer la activa participación» de los fieles (ib.16).

La Iglesia se manifiesta en esa magna Oratio como «sacramento universal de salvación» (LG 48; AG 1). La Esposa de Cristo, ya en documentos muy antiguos, tiene por la fe una conciencia cierta de que ella está causando continuamente con el Salvador el bien espiritual del mundo entero: «para decirlo brevemente, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo» (Carta a Digneto VI,1; después del 150). 

En la solemne liturgia de Viernes Santo se mantuvieron siempre una serie de oraciones por las grandes intenciones de la Iglesia.

–Las principales normas litúrgicas para la Oración de los fieles las hallamos en el –Concilio Vaticano II (1963, SC 50), en las instrucciones dadas en un fascículo por el –Consilium postconciliar para la renovación de la liturgia (17-IV-1966), en la –Ordenación General del Misal Romano (1970, nº 16, 45-47) y en las –Orientaciones Pastorales que la Comisión Episcopal de Liturgia y su Secretariado establecieron como introducción a la obra.

Dispone el Concilio que la Oración común o universal de los fieles se haga «después del Evangelio y de la homilía» (SC 53). «Toca al sacerdote celebrante dirigir estas súplicas, invitar a los fieles a la oración con una breve monición y concluir las preces. Conviene que sea un diácono o un cantor el que lea las intenciones. La asamblea entera expresa sus súplicas o con una invocación común, que se pronuncia después de cada intención, o con la oración en silencio» (OGMR 47).

«De suyo ha de ser un solo ministro el que proponga las intenciones, salvo que sea conveniente usar más de una lengua en las peticiones. La formulación de las intenciones por varias personas que van turnándose, exagera el carácter funcional de esta parte de la Oración de los fieles y resta importancia a la súplica de la asamblea» (Orientaciones 9). Esta norma se infringe con frecuencia, también en las celebraciones más solemnes de la Misa: Congresos Eucarísticos, etc.

La serie de intenciones, normalmente, serán las siguientes:

1- Por las necesidades de la Iglesia.
2- Por los que gobiernan el Estado y por la salvación del mundo.
3- Por los que sufren cualquier dificultad.
4- Por la comunidad local» (OGMR 46; cf. Orientaciones, 10).

Fuente: infocatolica.com

sábado, 20 de septiembre de 2014

EXEQUIAS/ Filipenses 1,20c-24.27a

Filipenses 1,20c-24.27a

Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

lunes, 18 de agosto de 2014

De aquellos a quienes se ha de administrar la unción de los enfermos (Codigo de Derecho Canónico, nn.1004-1007)

CAPÍTULO III
DE AQUELLOS A QUIENES SE HA DE ADMINISTRAR EL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

1004  § 1.    Se puede administrar la unción de los enfermos al fiel que, habiendo llegado al uso de razón, comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez.

§ 2.    Puede reiterarse este sacramento si el enfermo, una vez recobrada la salud, contrae de nuevo una enfermedad grave, o si, durante la misma enfermedad, el peligro se hace más grave.

1005  En la duda sobre si el enfermo ha alcanzado el uso de razón, sufre una enfermedad grave o ha fallecido ya, adminístresele este sacramento.

1006  Debe administrarse este sacramento a los enfermos que, cuando estaban en posesión de sus facultades, lo hayan pedido al menos de manera implícita.

1007  No se dé la unción de los enfermos a quienes persisten obstinadamente en un pecado grave manifiesto.

Del ministro de la unción de los enfermos (Código de Derecho Canónico, n. 1003)

CAPÍTULO II
DEL MINISTRO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

1003  § 1.    Todo sacerdote, y sólo él, administra válidamente la unción de los enfermos.

§ 2.    Todos los sacerdotes con cura de almas tienen la obligación y el derecho de administrar la unción de los enfermos a los fieles encomendados a su tarea pastoral; pero, por una causa razonable, cualquier otro sacerdote puede administrar este sacramento, con el consentimiento al menos presunto del sacerdote al que antes se hace referencia.

§ 3.    Está permitido a todo sacerdote llevar consigo el óleo bendito, de manera que, en caso de necesidad, pueda administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Unción de los enfermos: De la celebración del sacramento (Cann. 999-1002, Código de Derecho Canónico)

CAPÍTULO I
DE LA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO

999 Además del Obispo, pueden bendecir el óleo que se emplea en la unción de los enfermos:

l quienes por derecho se equiparan al Obispo diocesano;

2 en caso de necesidad, cualquier presbítero, pero dentro de la celebración del sacramento.

1000  § 1.    Las unciones han de hacerse cuidadosamente, con las palabras orden y modo prescritos en los libros litúrgicos; sin embargo, en caso de necesidad, basta una sola unción en la frente, o también en otra parte del cuerpo, diciendo la fórmula completa.

§ 2.    El ministro ha de hacer las unciones con la mano, a no ser que una razón grave aconseje el uso de un instrumento.

1001  Los pastores de almas y los familiares del enfermo deben procurar que sea reconfortado en tiempo oportuno con este sacramento.

1002  La celebración común de la unción de los enfermos para varios enfermos al mismo tiempo, que estén debidamente preparados y rectamente dispuestos, puede hacerse de acuerdo con las prescripciones del Obispo diocesano.

Código de Derecho Canónico: LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS (Cann.998-1007)

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS EN EL DERECHO CANÓNICO
DE LA IGLESIA CATÓLICA

TÍTULO V
DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS (Cann.998–1007)

998 La unción de los enfermos, con la que la Iglesia encomienda los fieles gravemente enfermos al Señor doliente y glorificado, para que los alivie y salve, se administra ungiéndoles con óleo y diciendo las palabras prescritas en los libros litúrgicos.

domingo, 3 de agosto de 2014

EL SIGNO DE LA PAZ, ¿CAUSA DE DIVISIÓN? Por Nestor Mora Núñez (resumen)

El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cardenal Antonio Cañizares Llovera, ha enviado hace unos días un documento al presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) donde se recogen las conclusiones del debate abierto sobre la oportunidad o no de mantener el signo de la Paz en la forma y el momento que está teniendo lugar durante la Misa. El texto ha sido confirmado y aprobado por el Papa Francisco. En el este texto se indica que se mantiene el rito tal como está ahora, pero se advierte en contra de los excesos y abusos que a veces se cometen.

El signo de la paz lleva dentro de la celebración eucarística desde los primeros siglos, tanto en Oriente como en Occidente. Durante los siglos IV-V, en Roma se situaba inmediatamente después de la plegaria eucarística y estaba relacionado con ella. Tiempo después se vinculó a la petición de perdón en el Padrenuestro, uniéndose a este como preparación para la comunión.

¿En qué consiste el signo? En un beso o un saludo que evidencia y comunica que perdonamos, sin restricciones, a quienes nos han hecho daño. Hoy en día este signo ha ido cambiando el significado, haciendo que busquemos saludar a cuantas más personas mejor, divertirnos, cantar y hasta crear coreografías diversas. Se ha convertido en un signo de integración social que rompe el “incómodo rato”, que hemos estado preparándonos para recibir la Eucaristía. Algunas personas ven en este signo de paz una pre-comunión, debido a que la Eucaristía pierde su sentido de comunión con Dios, que se desplaza hacia la comunión con la comunidad.

En ese sentido, esta nota emitida por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, viene a recordarnos qué comunicamos con el signo y la forma correcta de darlo, para que el significado se ajuste al objetivo.

Es interesante reseñar que muchas personas se han sentido atacadas por este texto, ya que les conmina a ajustar tanto la forma del signo, como su significado. Por ello lo entienden como un ataque de la “jerarquía” a su “religión”. Esta precisión del signo busca que todos celebremos el mismo rito y no ritos adaptados a cada comunidad. Es interesante reflexionar sobre las razones por las que el signo de la Paz puede separarnos.

Fuente: religionenlibertad.com

sábado, 2 de agosto de 2014

EL SIGNIFICADO RITUAL DEL DON DE LA PAZ EN LA MISA Carta circular de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


1. «La paz os dejo, mi paz os doy» [1], son las palabras con las que Jesús promete a sus discípulos reunidos en el cenáculo, antes de afrontar la pasión, el don de la paz, para infundirles la gozosa certeza de su presencia permanente. Después de su resurrección, el Señor lleva a cabo su promesa presentándose en medio de ellos, en el lugar donde se encontraban por temor a los judíos, diciendo: «¡Paz a vosotros!» [2]. La paz, fruto de la Redención que Cristo ha traído al mundo con su muerte y resurrección, es el don que el Resucitado sigue ofreciendo hoy a su Iglesia, reunida para la celebración Eucarística, de modo que pueda testimoniarla en la vida de cada día.

2. En la tradición litúrgica romana el signo de la paz, colocado antes de la Comunión, tiene un significado teológico propio. Éste encuentra su punto de referencia en la contemplación eucarística del misterio pascual -diversamente a como hacen otras familias litúrgicas que se inspiran en el pasaje evangélico de Mateo (cf. Mt 5, 23)- presentándose así como el “beso pascual” de Cristo resucitado presente en el altar [3].

Los ritos que preparan a la comunión constituyen un conjunto bien articulado dentro del cual cada elemento tiene su propio significado y contribuye al sentido del conjunto de la secuencia ritual, que conduce a la participación sacramental en el misterio celebrado.

El signo de la paz, por tanto, se encuentra entre el Pater noster -al cual se une mediante el embolismo que prepara al gesto de la paz- y la fracción del pan -durante la cual se implora al Cordero de Dios que nos dé su paz-. Con este gesto, que «significa la paz, la comunión y la caridad» [4], la Iglesia «implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los fieles se expresan la comunión eclesial y la mutua caridad, antes de la comunión sacramental» [5], es decir, la comunión en el Cuerpo de Cristo Señor.

3. En la Exhortación Apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis el Papa Benedicto XVI había confiado a esta Congregación la tarea de considerar la problemática referente al signo de la paz [6], con el fin de salvaguardar el valor sagrado de la celebración eucarística y el sentido del misterio en el momento de la Comunión sacramental: «La Eucaristía es por su naturaleza sacramento de paz. Esta dimensión del Misterio eucarístico se expresa en la celebración litúrgica de manera específica con el rito de la paz. Se trata indudablemente de un signo de gran valor (cf. Jn 14,27). En nuestro tiempo, tan lleno de conflictos, este gesto adquiere, también desde el punto de vista de la sensibilidad común, un relieve especial, ya que la Iglesia siente cada vez más como tarea propia pedir a Dios el don de la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana. [...] Por ello se comprende la intensidad con que se vive frecuentemente el rito de la paz en la celebración litúrgica. A este propósito, sin embargo, durante el Sínodo de los Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas, provocando cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la Comunión. Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos» [7].

4. El Papa Benedicto XVI, además de destacar el verdadero sentido del rito y del signo de la paz, ponía en evidencia su gran valor como aportación de los cristianos, para colmar, mediante su oración y testimonio, las angustias más profundas e inquietantes de la humanidad contemporánea. Por esta razón, renovaba su invitación a cuidar este rito y a llevar a cabo este signo litúrgico con sentido religioso y sobriedad.

5. El Dicasterio, en base a las disposiciones del Papa Benedicto XVI, se dirigió a las Conferencias de los Obispos en mayo de 2008 pidiendo su parecer sobre si mantener el signo de la paz antes de la Comunión, donde se encuentra ahora, o si cambiarlo a otro momento, con el fin de mejorar la comprensión y el desarrollo de tal gesto. Tras una profunda reflexión, se ha visto conveniente conservar en la liturgia romana el rito de la paz en su puesto tradicional y no introducir cambios estructurales en el Misal Romano. Se ofrecen a continuación algunas disposiciones prácticas para expresar mejor el contenido del signo de la paz y para moderar los excesos, que suscitan confusión en la asamblea litúrgica justo antes de la Comunión.

6. El tema tratado es importante. Si los fieles no comprenden y no demuestran vivir, en sus gestos rituales, el significado correcto del rito de la paz, se debilita el concepto cristiano de la paz y se ve afectada negativamente su misma fructuosa participación en la Eucaristía. Por tanto, junto a las precedentes reflexiones, que pueden constituir el núcleo de una oportuna catequesis al respecto, para la cual se ofrecerán algunas líneas orientativas, se somete a la prudente consideración de las Conferencias de los Obispos algunas sugerencias prácticas:

a) Se aclara definitivamente que el rito de la paz alcanza ya su profundo significado con la oración y el ofrecimiento de la paz en el contexto de la Eucaristía. El darse la paz correctamente entre los participantes en la Misa enriquece su significado y confiere expresividad al rito mismo. Por tanto, es totalmente legítimo afirmar que no es necesario invitar “mecánicamente” a darse la paz. Si se prevé que tal intercambio no se llevará adecuadamente por circunstancias concretas, o se retiene pedagógicamente conveniente no realizarlo en determinadas ocasiones, se puede omitir, e incluso, debe ser omitido. Se recuerda que la rúbrica del Misal dice: “Deinde, pro opportunitate, diaconus, vel sacerdos, subiungit: Offerte vobis pacem” [8].

b) En base a las presentes reflexiones, puede ser aconsejable que, con ocasión de la publicación de la tercera edición típica del Misal Romano en el propio País, o cuando se hagan nuevas ediciones del mismo, las Conferencias consideren si es oportuno cambiar el modo de darse la paz establecido en su momento. Por ejemplo, en aquellos lugares en los que optó por gestos familiares y profanos de saludo, tras la experiencia de estos años, se podrían sustituir por otros gestos más apropiados.

c) De todos modos, será necesario que en el momento de darse la paz se eviten algunos abusos tales como:

La introducción de un “canto para la paz”, inexistente en el Rito romano [9].

Los desplazamientos de los fieles para intercambiarse la paz.

El que el sacerdote abandone el altar para dar la paz a algunos fieles.

Que en algunas circunstancias, como la solemnidad de Pascua o de Navidad, o durante las celebraciones rituales, como el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, el Matrimonio, las sagradas Órdenes, las Profesiones religiosas o las Exequias, el darse la paz sea ocasión para felicitar o expresar condolencias entre los presentes [10].

d) Se invita igualmente a todas las Conferencias de los Obispos a preparar catequesis litúrgicas sobre el significado del rito de la paz en la liturgia romana y sobre se correcto desarrollo en la celebración de la Santa Misa. A éste propósito, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos acompaña la presente carta circular con algunas pistas orientativas.

7. La íntima relación entre lex orandi y lex credendi debe obviamente extenderse a la lex vivendi. Conseguir hoy un compromiso serio de los católicos de cara a la construcción de un mundo más justo y pacífico implica una comprensión más profunda del significado cristiano de la paz y de su expresión en la celebración litúrgica. Se invita, pues, con insistencia a dar pasos eficaces en tal materia ya que de ello depende la calidad de nuestra participación eucarística y el que nos veamos incluidos entre los que meren la gracia prometida en las bienaventuranzas a los trabajan y construyen la paz [11].

8. Al finalizar estas consideraciones, se exhorta a los Obispos y, bajo su guía, a los sacerdotes a considerar y profundizar el significado espiritual del rito de la paz, tanto en la celebración de la Santa Misa como en la propia formación litúrgica y espiritual o en la oportuna catequesis a los fieles. Cristo en nuestra paz [12], la paz divina, anunciada por los profetas y por los ángeles, y que Él ha traído al mundo con su misterio pascual. Esta paz del Señor Resucitado es invocada, anunciada y difundida en la celebración, también a trabes de un gesto humano elevado al ámbito sagrado.

El Santo Padre Francisco, el 7 de junio de 2014, ha aprobado y confirmado cuanto se contiene en esta Carta circular, preparado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y ha dispuesto su publicación.

En la sede la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 8 de junio de 2014, en la solemnidad de Pentecostés.

ANTONIO Card. CAÑIZARES LLOVERA
Prefecto

ARTHUR ROCHE
Arzobispo Secretario

.........................................................

[1] Jn 14, 27.

[2] Cf. Jn 20, 19-23.

[3] Cf. MISSALE ROMANUM ex decreto SS. Concilii Tridentini restitutum summorum pontificum cura recognitum, Editio typica, 1962, Ritus servandus, X, 3.

[4] CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instr. Redemptionis sacramentum, 25 marzo 2004, n. 71: AAS 96 (2004) 571.

[5] MISSALE ROMANUM, ex decreto sacrosanctii Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum, Ioannis Pauli Pp. II cura recognitum, editio typica tertia, diei 20 aprilis 2000, Typis Vaticanis, reimpressio emendata 2008, Ordenación General del Misal Romano, 2. 82. Cf. BENEDICTO XVI, Exhort. Apost. post-sinodal, Sacramentum caritatis, 22 febrero 2007, n. 49: AAS 99 (2007) 143.

[6] Cf. BENEDICTO XVI, Exhort. Apost. Sacramentum caritatis, 22 febrero 2007, n. 49, nota n. 150: AAS 99 (2007) 143.

[7] BENEDICTO XVI, Exhort. Apost. Sacramentum caritatis, 22 febrero 2007, n. 49: AAS 99 (2007) 143.

[8] MISSALE ROMANUM, Ordo Missae, n. 128.

[9] En el Rito romano no está tradicionalmente previsto un canto para la paz porque se prevé un tiempo brevísimo para dar la paz sólo a los más cercanos. El canto de la paz sugiere, por el contrario, un tiempo mucho más amplio para el intercambio de la paz.

[10] Cf. Ordenación General del Misal Romano, n. 82: «Conviene, sin embargo, que cada uno exprese sobriamente la paz sólo a los que tiene más cerca»; n. 154: «El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo siempre dentro del presbiterio, para no alterar la celebración. Hágase del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles»; CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instr. Redemptionis sacramentum, 25 marzo 2004, n. 72: AAS 96 (2004) 572.

[11] Cf. Mt 5, 9ss.

[12] Cf. Ef 2, 14.

¿Cómo que la misa es aburrida? por el cardenal Timothy Dolan


El cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y ex presidente de la conferencia episcopal estadounidense, tiene fama de buen comunicador, y de utilizar su propensión a la jovialidad y la chanza para ganarse a los medios y a los fieles. Pero no por ello diciendo sólo lo que unos y otros quieran o les convenga oír.

En un artículo publicado en la página web de su diócesis, no le duelen prendas a la hora de rebatir con energía a quienes alegan el "aburrimiento" de la misa como excusa para no asistir a ella ni siquiera cuando es obligatorio (los domingos y fiestas de guardar).

Por su interés y universalidad, y por la contundencia del cardenal Dolan en la argumentación y los ejemplos, lo reproducimos en su integridad.

¿La misa es aburrida?

“¡La misa es tan aburrida!”

¿Cuántas veces vosotros, padres, habéis oído a vuestros hijos decir estas palabras el domingo por la mañana? ¿Cuántas vosotros, profesores y catequistas, cuando los preparáis para la misa? Y, admitámoslo, ¿cuántas veces nos lo hemos dicho a nosotros mismos?

¿Qué decimos ante una afirmación tan desafortunada y casi sacrílega?

Bien, para empezar, simplemente respondemos: ¡No, no lo es! Tal vez encuentres que la misa sea aburrida, pero es más tu problema que un defecto de la misa.

Hay muchas actividades importantes de la vida que podemos considerar "aburridas": las visitas al dentista; los pacientes con insuficiencia renal me dicen que ir a diálisis tres veces a la semana no es nada emocionante; votar no es nada divertido. Pero las tres son importantes para nuestro bienestar y su valor no depende de nuestra euforia cuando las hacemos. La misa es, sin duda, más importante para la salud de nuestra alma que estos ejemplos.

Nuestro problema es el aburrimiento, y los comentaristas sociales dicen que hoy somos muy susceptibles al mismo, visto lo acostumbrados que estamos a titulares que duran treinta segundos o a cambiar de canal cuando el programa que estamos viendo nos hace bostezar.

Gracias a Dios, el valor de una persona o de un acontecimiento no depende de su tendencia a "aburrirnos" de vez en cuando. ¡La gente y los acontecimientos significativos no existen para entusiasmarnos, a no ser que seamos unos mocosos narcisistas y mimados!

Esto es especialmente verdad del Santo Sacrificio de la Misa. Creemos que cada Misa es la renovación del acontecimiento más importante, más crítico que ha ocurrido nunca: el sacrificio eterno, infinito de alabanza de Dios Hijo a Dios Padre, en una cruz en el Calvario, un Viernes llamado "Santo".

Si lo pensamos bien, los soldados romanos también estaban "aburridos" mientras se burlaban de Jesús y echaban los dados para ver cuál de ellos se quedaba con su túnica, la única propiedad que Él tenía.

Dos: no solemos ir a Misa para divertirnos, sino para rezar. Si las flores en el altar son bonitas; si la música es buena; si funciona el aire acondicionado; si la homilía es corta y llena de significado; si los participantes son amistosos… todo, seguramente, ayuda.

Pero la Misa funciona incluso cuando todo lo que he dicho antes no está -y, es triste decirlo, ¡a menudo no está!

Porque la Misa no es sobre nosotros, es sobre Dios. Y el valor de la Misa viene de nuestra simple y a la vez profunda convicción, basada en la fe, de que durante una hora el Domingo somos parte del más allá, elevados a lo eterno, partícipes del misterio, mientras nos unimos a Jesús en la acción de gracias, el amor, la expiación y el sacrificio que Él ofrece eternamente a Su Padre. Lo que Jesús hace siempre funciona y nunca es aburrido. La Misa no es una tarea rutinaria y tediosa que hacemos por Dios, sino un milagro que Jesús hace con y para nosotros.

Un señor me contó lo que significaba la comida familiar del domingo, el corazón de la semana cuando él era pequeño. ¡La comida era tan buena porque su madre cocinaba muy bien, y la mesa tan feliz porque su padre siempre estaba allí!

Incluso cuando se casó y tuvo sus propios hijos, iban a casa de sus padres para la comida dominical. Cuando sus hijos fueron más mayores le preguntaban si "tenían que ir", porque, sí, a veces la encontraban "aburrida". ¡Sí, tenéis que ir, porque no vamos por la comida, sino por amor, porque mamá y papá están ahí!

Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras se acordaba de esto, porque cuando su madre y su padre envejecieron la comida no era tan buena ni la compañía tan chispeante, pero él nunca dejó de ir porque ese acontecimiento dominical tenía una significado muy profundo, aunque su madre quemara la lasaña y su padre diera cabezadas.

Y ahora, concluyó, daría lo que fuera para poder estar de nuevo allí, porque su madre ha fallecido y su padre está en una residencia de ancianos.

Ahora son él y su mujer los anfitriones de esa comida y él espera que sus tres hijos lleven, en un futuro, a sus esposas e hijos a la comida del domingo.

Veis, el valor de la comida del domingo no depende de la bondad de la comida; de lo caro que es el vino; de lo interesante que sea la conversación. Seguramente todo esto ayuda, pero lo que tiene real valor es el acontecimiento en sí mismo.

Lo mismo sucede con la comida del Domingo de nuestra familia espiritual: la Misa.

Hay gente que piensa que un partido en el estadio de los New York Yankees es aburrido; otros piensan lo mismo de la música country; hay gente que me dice que valores como la amistad, el voluntariado, la familia, la lealtad, la generosidad y el patriotismo están pasados de moda, ya no producen entusiasmo.

¡Diría que tienen un problema!

¡Y algunos me dicen que "la misa es tan aburrida..."!

Traducción de Helena Faccia Serrano.