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sábado, 11 de enero de 2014

BAUTISMO DE JESÚS, Año B

Isaías 55:1-11
Isaías 12 “Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación”
1 Juan 5:1-9
Marcos 1:7-11

Isaías 55:1-11

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomendé.

Isaías 12: Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación

Éste es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación.
R.Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación 

Den gracias al Señor,
invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.
R. Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!
R. Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación

1 Juan 5:1-9

Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de Él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.

Marcos 1:7-11

En aquel tiempo proclamaba Juan:
– Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero el os bautiza con Espíritu Santo.
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
– Tú eres mi hijo amado, mi predilecto.

sábado, 18 de agosto de 2012

SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA: Domingo 20 del tiempo ordinario, B

Proverbios 9,1-6
Salmo 33
Efesios 5,15-20
Juan 6,51-58



Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

Salmo 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Efesios 5,15-20

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron;,el que come este pan vivirá para siempre.»

ALIMENTARNOS DE JESÚS
Comentario de José Antonio Pagola

Según el relato de Juan, una vez más los judíos, incapaces de ir más allá de lo físico y material, interrumpen a Jesús, escandalizados por el lenguaje agresivo que emplea: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?". Jesús no retira su afirmación sino que da a sus palabras un contenido más profundo.

El núcleo de su exposición nos permite adentrarnos en la experiencia que vivían las primeras comunidades cristianas al celebrar la eucaristía. Según Jesús, los discípulos no solo han de creer en él, sino que han de alimentarse y nutrir su vida de su misma persona. La eucaristía es una experiencia central en los seguidores de Jesús.

Las palabras que siguen no hacen sino destacar su carácter fundamental e indispensable: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Si los discípulos no se alimentan de él, podrán hacer y decir muchas cosas, pero no han de olvidar sus palabras: "No tenéis vida en vosotros".

Para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, nutrirnos de su aliento vital, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida. Este es el secreto y la fuerza de la eucaristía. Solo lo conocen aquellos que comulgan con él y se alimentan de su pasión por el Padre y de su amor a sus hijos.

El lenguaje de Jesús es de gran fuerza expresiva. A quien sabe alimentarse de él, le hace esta promesa: "Ese habita en mí y yo en él". Quien se nutre de la eucaristía experimenta que su relación con Jesús no es algo externo. Jesús no es un modelo de vida que imitamos desde fuera. Alimenta nuestra vida desde dentro.

Esta experiencia de "habitar" en Jesús y dejar que Jesús "habite" en nosotros puede transformar de raíz nuestra fe. Ese intercambio mutuo, esta comunión estrecha, difícil de expresar con palabras, constituye la verdadera relación del discípulo con Jesús. Esto es seguirle sostenidos por su fuerza vital.

La vida que Jesús transmite a sus discípulos en la eucaristía es la que él mismo recibe del Padre que es Fuente inagotable de vida plena. Una vida que no se extingue con nuestra muerte biológica. Por eso se atreve Jesús a hacer esta promesa a los suyos: "El que come este pan vivirá para siempre".

Sin duda, el signo más grave de la crisis de la fe cristiana entre nosotros es el abandono tan generalizado de la eucaristía dominical. Para quien ama a Jesús es doloroso observar cómo la eucaristía va perdiendo su poder de atracción. Pero es más doloroso aún ver que desde la Iglesia asistimos a este hecho sin atrevernos a reaccionar. ¿Por qué?

sábado, 11 de agosto de 2012

SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA: Domingo 18 del tiempo ordinario, B

Éxodo 16,2-4.12-15
Salmo 77
Efesios 4,17.20-24
Juan 6,24-35



Éxodo 16,2-4.12-15

En aquellos días, en el desierto, comenzaron todos a murmurar contra Moisés y Aarón, y les decían: «¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto! Allí nos sentábamos junto a las ollas de carne, y comíamos hasta hartarnos; pero vosotros nos habéis traído al desierto para matarnos a todos de hambre.» Entonces el Señor dijo a Moisés: «Voy a hacer que os llueva comida del cielo. La gente saldrá a diario a recoger únicamente lo necesario para el día. Quiero ver quién obedece mis instrucciones y quién no.» Y el Señor se dirigió a Moisés y le dijo: «He oído murmurar a los israelitas. Habla con ellos y diles: "Al atardecer comeréis carne, y por la mañana comeréis hasta quedar satisfechos. Así sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios."» Aquella misma tarde llegaron codornices, las cuales llenaron el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Después que el rocío se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie del desierto. Los israelitas, no sabiendo qué era aquello, al verlo se decían unos a otros: «¿Y esto qué es?» Moisés les dijo: «Éste es el pan que el Señor os da como alimento.»

Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder.
R/. El Señor les dio un trigo celeste

Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste.
R/. El Señor les dio un trigo celeste

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido.
R/. El Señor les dio un trigo celeste

Efesios 4,17.20-24

En el nombre del Señor os digo y encargo que no viváis más como los paganos, que viven de acuerdo con sus vanos pensamientos. Pero vosotros no conocisteis a Cristo para vivir de ese modo, si es que realmente oísteis acerca de él; esto es, si de Jesús aprendisteis en qué consiste la verdad. En cuanto a vuestra antigua manera de vivir, despojaos de vuestra vieja naturaleza, que está corrompida por los malos deseos engañosos. Debéis renovaros en vuestra mente y en vuestro espíritu, y revestiros de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se manifiesta en una vida recta y pura, fundada en la verdad.

Juan 6,24-35

En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún. Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les dijo: «Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.» Le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?» Jesús les contestó: «La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado.» «¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: "Dios les dio a comer pan del cielo."» Jesús les contestó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.» Ellos le pidieron: «Señor, danos siempre ese pan.» Y Jesús les dijo: «Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.»

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Para algunos de nosotros, especialmente para los que el inglés no es nuestra lengua materna, pero que debemos desenvolvernos en ella, es muy frustrante cuando nos hacen repetir lo que hemos dicho porque no nos entienden. También hay relaciones humanas, amistades, familia, etcétera, que a pesar de hablar la misma lengua y con el mismo acento, tampoco se entiende, tal vez debido a que los valores de su vida son diferentes.

Sea como sea, en la vida hay muchos malentendidos entre personas y como consecuencia puede haber distanciamientos, rechazos e incluso, peleas.

Expertos en la interpretación del evangelio de San Juan sugieren una división del evangelio; los doce primeros capítulos y el resto. En esa primera parte vemos los intentos de Jesús que se explica con palabras y signos (obras) pero no es entendido, y como resultado es rechazado. La segunda parte está dedicada a Jesús confirmando en la fe a los que le siguen.

El relato evangélico que hoy se nos ofrece nos habla de un hecho que tiene lugar después de que Jesús ha hecho un milagro portentoso: la multiplicación de los panes y pescados con los que alimentó a una multitud enorme de gente. Cuando se da cuenta de que le quieren proclamar rey, desaparece. La gente le busca y cuando lo encuentran parece como si le criticaran esa desaparición, y él les asegura que lo buscan por razones egoístas, como el comer hasta saciarse.

Ante el milagro (signo) ellos declaran que este Jesús es el enviado y el que les resuelve los problemas, el que les da de comer sin que ellos tengan que mover un dedo. No entienden la misión de Jesús que no ha venido a satisfacer sus necesidades transitorias, sino a darles el pan de vida eterna.

Aquellos malentendidos siguen en pie hoy en día. Muchos buscan esa satisfacción inmediata. Por una razón u otra, se han estado perdiendo paulatinamente esos valores profundos que hacen del ser humano esa criatura buscadora de lo más alto, de lo sublime, de lo permanente, de lo que es verdaderamente camino, luz, vida y verdad.

Hoy hay muchos que buscan lo inmediato, pero que no dura. Se sueña con adquirir poder, dinero y como consecuencia, disfrutar de esos placeres que podamos robar o comprar. El egoísmo impide esos sentimientos nobles de solidaridad, de fraternidad, de generosidad, del sacrificio gozoso por el bien de los otros.

Jesús reta a aquellas gentes a que se olviden un tanto de la comida que se les proporcionó generosamente, y que se esfuercen para conseguir lo que verdaderamente vale la pena y es permanente. Ese alimento sí que tiene valor, y se lo proporcionará el Hijo del Hombre, que ha sido acreditado por el Padre. ¿Qué es lo que debéis hacer para actuar como Dios quiere?

La respuesta del Maestro es clara: "Lo que Dios quiere de vosotros, (entonces), y lo que Dios quiere de nosotros (ahora) es que creamos en aquel que Él ha enviado".

Unos días antes habían visto el gran milagro y querían proclamarle rey, en el pasaje de hoy le piden signos, pruebas para poner su fe en él. Algo raro está sucediendo, aunque muy posiblemente se podría explicar diciendo que tanto Jesús como la muchedumbre que le siguen quieren establecer una relación, una forma de vivir. Jesús les ofrece una forma, pero ellos quieren algo distinto. No hay entendimiento, hay malentendidos.

Jesús quiere proporcionar algo grande, maravilloso, algo que pueda satisfacer los grandes anhelos del corazón humano. Sin embargo los que le escuchaban buscaban algo menos, cosa perecedera y que los iba a condenar a una vida ordinaria, muy ordinaria. Una vida sosa, y sin embargo Jesús les ofrecía, como más tarde lo dirá (Jn 10,10), una vida plena, llena, completa, permanente, una vida en plenitud.

Pidamos al Señor que nos de ese pan del que nos habla, pues como decía muy bien San Agustín: "Nos creaste Señor para ti, e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en ti".

SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA: Domingo 19 del tiempo ordinario, B

1 Reyes 19:4-8
Salmo 34 "Gusten y vean que bueno es el Señor."
Efesios 4:30–5:2
Juan 6:51


1 Reyes 19,4-8

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!» Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: «¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.» Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9:
Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno, es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Efesios 4,30–5,2

No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

Juan 6,41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

En la primera lectura vemos la desesperación del profeta Elías que huye de la reina Jezabel que ha decretado su muerte. Hay momentos difíciles en cada uno de nosotros que, a veces, se llega hasta la desesperación. El profeta pide al Señor que le quite la vida, pues se considera que no vale nada, como culpándose por los pecados del pueblo. El Señor, que nunca nos abandona, le da un pan, un alimento tanto físico como espiritual y camina hasta el encuentro con Dios en el monte Orbe, donde el Señor le explica su plan.

La Iglesia ha visto en el pan, en el alimento que recibió el profeta como una alusión, referencia a la Santa Eucaristía, sin la cual es muy difícil seguir el camino que Dios nos ha trazado a cada uno de nosotros. La Eucaristía, como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es "fuente y cima de toda vida cristiana".

Pablo en la carta a los Efesios les recuerda y nos recuerda a todos, por decirle de alguna forma, que seamos pueblo eucarístico, que ya que Cristo nos dio su Cuerpo y derramó su Sangre por nuestra salvación, "vivamos como él, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros".

Y el santo evangelio continúa con el discurso del "Pan de Vida". Elías comió del pan que Dios le proveyó y fue capaz de caminar por cuarenta días y cuarenta noches. En nuestro tiempo tenemos a la mística alemana Teresa Neumann que según nos cuentan sus biógrafos vivió por 36 años de su vida sin comer, y cuyo único alimento fue la Eucaristía, pues los Nazis le habían quitado su tarjeta de comida.

Los judíos veían en Jesús sólo su origen humano, y por eso no pueden aceptar que él vaya diciendo: "yo soy el pan bajado del cielo". Para ellos no tienen sentido esas palabras, pues la gente está muy segura de que conocen todo acerca de Jesús Él es carpintero, es hijo de carpintero, saben que su madre es María y conocen también a sus familiares: ¿Cómo puede atreverse a declarar que es el pan bajado del cielo?

Ellos recuerdan lo que le sucedió a sus antepasados, que ellos sí comieron pan bajado del cielo. Dios los alimentó en medio del desierto, aquel pan si que venía de arriba.

Jesús siguiendo la conversación, les dice que está de acuerdo, que si Dios les alimentó con pan, con el maná, pero les hace notar una gran diferencia: Todos ellos murieron. Pero este, insiste Jesús, es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Hay una gran diferencia.

Y para rematar la enseñanza, y subir de tono el escándalo entre la gente, añade:"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo".

Jesús tiene su propia pedagogía, no entra en la discusión con ellos, simplemente afirma y afirma que nadie puede ir a él, si el Padre no es el que le conduce, con lo cual nos está diciendo, que nadie se puede enorgullecer de estar cerca del Señor, como si lo hubiera conseguido por sus propios méritos, pues todo eso es simplemente gracia o bendición que el Padre nos da.

El pan, no se refiere simplemente al pan en sí, sino que es mucho más amplio, es todo lo que necesitamos para la vida, para esa vida en misión hacia el establecimiento del Reino de Dios. Y Jesús se convierte en alimento a través de su Cuerpo y de su Sangre, pero también cuando escuchamos su Palabra, Palabra de vida eterna; y no solamente cuando escuchamos su Pa-labra, sino que también cuando le imitamos, cuando seguimos su ejemplo, cuando Él se convierte en el centro de nuestra vida. Esa unión con Cristo es la que da sentido a nuestra vida, lo que da calidad a nuestra existencia. Mucho se habla de eso, de calidad de vida, y es verdad que por lo menos en el llamado primer mundo se ha conseguido alargar la vida del hombre, pero por lo que vemos y oímos, uno tiene sus dudas si con el aumento de los años, también ha habido una ganancia en lo que se refiere a la calidad.

Ojalá continuemos con nuestra vista, con nuestro corazón, con todo nuestro ser puesto en Jesús, pues Él sí que vino para que tuviéramos vida en plenitud, y el evangelio de hoy nos recuerda: "Os aseguro que el que cree, tiene vida eterna".