miércoles, 16 de abril de 2014

"El caso de la pequeña Umma es como el de cualquier persona que pide el bautismo"

El Arzobispo de Córdoba (Argentina), Mons. Carlos Ñáñez, lamentó la manipulación de la prensa sobre el Bautismo de una bebé -hija biológica de una lesbiana que la cría con su pareja- y explicó por qué la pequeña Umma Azul puede recibir este sacramento.

La niña es hija biológica de Soledad Ortiz, una mujer que hace un año se unió legalmente en “matrimonio igualitario” con Karina Villarroel. El sacramento del Bautismo será celebrado en la Catedral de Córdoba este sábado 5 de abril. Mons. Ñáñez señaló que el caso de la pequeña Umma “es como el de cualquier persona que pide el Bautismo”.

“El Bautismo lo va a recibir la niña. El derecho es de ella, el derecho es de la niña”, subrayó. El Prelado desmintió a diversos medios de comunicación que indicaron que él se había reunido con la pareja de lesbianas e incluso habría autorizado celebrar la Confirmación de ambas.

“Primero, yo no he hablado con estas personas. Segundo, de ninguna manera yo he dado alguna autorización con respecto a la Confirmación. Tercero, que ellas vinieron por acá, sin hablar conmigo, ya con indicaciones precisas fueron encaminadas a una parroquia, donde tenían que hacer los requisitos necesarios para la preparación del Bautismo. Su madre y los padrinos elegidos”.

Mons. Ñáñez señaló además que este caso “ya lo he hablado y lo he explicado al Cardenal (Antonio) Cañizares, Prefecto de la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, así que ya está en conocimiento de la Santa Sede”.

Uno de los compromisos que asumen los padres de un niño al bautizarlo es educarlo en la fe cristiana. Sobre este punto, Mons. Ñáñez indicó que “ese es el compromiso que tiene que asumir su madre, y el compromiso que los padrinos tienen que hacer”.

“En eso, yo creo que se juega la buena fe de las personas. También entre nosotros acuden muchas personas a pedir el Bautismo para sus hijos, nosotros hacemos fe a su buena disposición, pero no tenemos absoluta seguridad de que ellos por una parte vayan a respetar eso o de que su vida esté en total consonancia con los principios evangélicos”.

El Arzobispo argentino explicó que “la Iglesia en eso se muestra como una madre misericordiosa y amplia, para abrir las puertas de la salvación. El Bautismo es el derecho de toda persona humana, y creo que también el Santo Padre, en este sentido, desde cuando era Arzobispo de Buenos Aires siempre impulsó una actitud de apertura amplia para la administración de estos sacramentos”.

Al referirse a la posibilidad de que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sea la madrina de la niña, tal como habría pedido la pareja de lesbianas, Mons. Ñáñez remarcó que “el párroco ya tiene las instrucciones de que por lo menos un padrino tiene que comprometerse a garantizar la educación” cristiana de Umma. El Prelado rechazó la manipulación de los medios de comunicación sobre este caso.

“Esto es una cosa que ha sido instrumentado por los medios de comunicación, y la verdad todo el revuelo que se hace es una desmesura con respecto a eso. Se trata del Bautismo de una niña que tiene el derecho a recibir este sacramento, y en la medida de lo posible, nosotros tratamos de asegurar las condiciones para que sea correctamente administrado”, indicó.

El Arzobispo de Córdoba indicó que “los medios de comunicación son muchos instrumentados, y hay personas que instrumentan y en distintas instancias deforman la realidad de los hechos”. “También nosotros tenemos que tener una mirada crítica. No todo lo que dicen los diarios o las agencias de prensa es la verdad”, concluyó.

Fuente: Aciprensa

domingo, 30 de marzo de 2014

No cantar tanto, que se alarga la misa, por Raul del Toro Sola

Uno de los peores enemigos de la buena música litúrgica es la obsesión por la duración de la misa, que en España alcanza niveles llamativos. Este dato inmediato de la experiencia lo he visto recientemente confirmado en el encuentro con diversos sacerdotes venidos de fuera de nuestro país.

Vino hace unos meses un sacerdote francés a celebrar la misa dominical. Cantó casi todo lo que está previsto que cante el celebrante: diálogos con el pueblo, oraciones, prefacio, etc. Al terminar todavía observó en un tono suavemente recriminatorio que hubiésemos cantado tan poco. Él había echado en falta el Gloria, el Salmo responsorial, el Credo, el Padre nuestro… Pues bien, no faltó algún feligrés que ese mismo día manifestó su disgusto por lo larga que se había hecho la misa.

Tiempo después, un joven sacerdote venido de un lejano país, donde la Iglesia sufre cruda persecución y los católicos viven un heroísmo cotidiano, apuntaba la misma idea. Se lamentaba de que en España la gente está pendiente del reloj durante las celebraciones. Él, por ejemplo, echaba en falta poder cantar habitualmente, además de todos los diálogos y oraciones, el Ordinario según las bellísimas misas gregorianas del Kyriale. Decía que, en su país, si la misa dura menos de una hora la gente se queja. No es la primera vez que oigo esto mismo referido a un país no occidental. En una breve sentencia, este joven presbítero llegado de la Iglesia perseguida sentó con precisión el diagnóstico: no es lo mismo escuchar que vivir.

Qué gran verdad es ésta: vivir en vez de escuchar. Tomo ahora la comparación que agudamente manifestaba un párroco –este sí, español- bien curtido en la brega de la re-dignificación de la liturgia: nadie, normalmente, al terminar un partido o una película se fija principalmente en cuántos minutos ha durado. Lo que sí ocurre muy frecuentemente con la misa.

Si una misa dominical según el rito romano dura menos de una hora, es porque de un modo u otro ha sido abreviada. Recordemos las partes de la Misa que podrían o deberían hacerse con música:

Antífona de entrada
Todos los diálogos entre el celebrante y el pueblo
Kyrie y Gloria (con el texto verdadero y completo, claro)
Oración colecta
Salmo responsorial
Todas las lecturas
Aleluya con su versículo
Credo
Ofertorio
Oración sobre las ofrendas
Prefacio
Sanctus
Padre Nuestro
Agnus Dei
Comunión
Oración de postcomunión
Bendición final

Si a esto se añade el uso del incienso, la duración de la misa difícilmente baja de los 80-90 minutos. Frente a esto, tenemos que en muchos lugares está tácitamente establecido el límite psicológico de los 45 minutos para la misa dominical. De lo contrario se hace esperar al vermut o la salida campestre. Ya me dirán ustedes.

Efectivamente, la diferencia está entre escuchar y vivir. Sigue casi sin estrenar la doctrina litúrgica de los papas del siglo XX, que fue recogida por el Vaticano II. Los textos escriturísticos y rituales siguen sin ser comprendidos como guía y vehículo de la oración litúrgica, y son todavía vistos como lo que el cura tiene que decir, y los fieles tienen que escuchar o recitar. Es decir, son cosas que hay que esperar a que pasen, primero una y luego otra, y otra, y otra… Claro, visto, así, cuanto antes pasen mejor. Como decía hace muchos años una piadosa mujer al salir de la misa diaria: ya me he quitado el quehacer.

Desde semejante perspectiva es normal que se perciba especialmente la dureza del banco cuando alguien accede al ambón para cantar, como está mandado, el salmo interleccional; o que aflore la impaciencia cuando el celebrante se arranca a entonar el prefacio completo –no sólo el diálogo inicial-, o cuando se canta el Gloria completo. No digamos cuando heroicamente se canta el tradicional Símbolo Niceno-Constantinopolitano en vez de acogerse por sistema a la opción más breve del Credo Apostólico recitado, que en principio está recomendado para tiempos concretos como la Cuaresma. Oí una vez decir con fina ironía que el Credo “largo", que especifica más la fe, era necesario antes, cuando había errores doctrinales, pero que ahora, como apenas existen errores ni herejías, nos basta el breve Credo Apostólico…

Pero el súmmum es la proclamación cantada de las lecturas. Esto es algo que poquísimas veces se hace. De hecho no me viene ningún caso actual a la memoria, salvo la cantilación del Evangelio en ocasiones escasas y solemnísimas. Hay quien piensa que la tradicional proclamación cantada de Palabra de Dios y de las palabras del oficiante se debía a la falta de micrófonos, y que desde la llegada de la megafonía basta con la lectura. Craso error. La proclamación cantada tiene que ver sobre todo con la altísima dignidad de las palabras proclamadas, para las que, con mucha razón, se juzgaba insuficiente la voz hablada.

Es cierto que hoy en día se percibe como una tendencia al cansancio entre los fieles cuando una celebración tiene largas partes cantadas o cantiladas, aunque sean en el idioma propio. En mi opinión, el error está nuevamente en escuchar frente a vivir. Un texto cantilado permite mejor la necesaria profundización espiritual, mientras que el texto leído tiende a reducir la atención a un nivel meramente comunicativo. Dado que los textos litúrgicos son con frecuencia conocidos, la falta de “novedad” exterior fácilmente hace decaer la atención… y la vista se dirige al reloj. Y claro, en esta desorientación básica la mayor parsimonia propia del canto añade unas enojosas gotas a la impaciencia.

Hay que recordar que la liturgia romana sigue disponiendo de las fórmulas tradicionales de cantilación para las diversas lecturas: existe una fórmula para la primera lectura, otra para la segunda y otra para el Evangelio. Pensadas originalmente para la lengua latina, nada impide utilizarlas en la lengua vernácula.

La solución a todo esto no se reduce al mero empeño de los párrocos y responsables musicales. Es innegable que en muchos fieles existe una fuerte resistencia a la amplitud de las celebraciones. Esta es la realidad con la que deben lidiar los párrocos. Un sacerdote me comentaba que “los curas hemos cedido demasiado en esto”, creando –o consolidando- malas costumbres entre la feligresía.

A este respecto leía yo hace un tiempo las conclusiones de un simposio europeo celebrado a mediados de los años 1960, sobre las implicaciones musicales de la reforma litúrgica, entonces en plena efervescencia. Los ponentes eran figuras relevantes en el panorama músico-litúrgico de aquellos años. Me dio gran pena leer los disparates que decían, y notable alivio comprobar que sus ocurrencias más destructivas no tuvieron éxito.

No querían dejar títere con cabeza. Entraban motosierra en mano, como búfalos en cristalería, dentro del terreno sagrado de la liturgia milenaria. Proponían mutilar el Gloria, eliminar gran parte del ritual, rehacer por completo la estructura y el orden de sus elementos, y por supuesto enviar al baúl de los recuerdos todo atisbo de canto gregoriano (que consiste mayormente en la proclamación cantada de versículos de la Escritura, en su forma original en prosa) para sustituirlo por himnos (canciones estróficas con textos rimados de nueva creación). Se repetía una idea: el rito de la Misa era largo y recargado. Ello a pesar de que la liturgia romana siempre ha ido muy concisa y austera en comparación con la magnificencia de la liturgia oriental.

Aunque muchas de las propuestas que con impúdica convicción se atrevieron a lanzar al Concilio no fueron recogidas en la letra de la reforma litúrgica, por desgracia aquel desviado y destructivo espíritu sí ha condicionado la aplicación real, concreta de esa letra. Hasta el punto de que se puede decir, sin temor a la exageración, que la letra de la normativa vigente en música litúrgica está en la práctica anulada o cuando menos forzada al extremo en su aplicación real por aquel espíritu deformador.

Lo que aquellos prohombres denotaban era una desconexión profunda con la naturaleza íntima de la liturgia cristiana tanto oriental como occidental, un indisimulado desprecio por la Tradición e incluso cierta sumisión mundana ante la moda asamblearia, dotada por entonces de notable vigor. En este panorama tan poco edificante fue donde la pereza y la impaciencia abrieron el camino a la obsesión por la brevedad, al precio de todas las mutilaciones y empobrecimientos que fueran necesarios.

Encuentro que todo esto denota una verdadera patología teológico-espiritual por cuanto oscurece y desnaturaliza la liturgia como cauce privilegiado de la Gracia. Queda claro una vez más que la llamativa deficiencia musical de la liturgia actual tiene sus raíces bastante más profundas de lo que parece, no reductibles a una mera cuestión estética o normativa. Y que desde luego, sobrepasan con mucho el campo de acción no sólo de los músicos, sino incluso el de los propios liturgistas.

Fuente: infocatolica.com

El derecho canónico y el bautizo de la hija de una pareja de lesbianas, por Luis Fernando

Argentina va a asistir al que es, probablemente, el primer bautismo mediático de la hija de una pareja de lesbianas. Los medios de comunicación le están dando todo el bombo posible y, como argumento para apoyar tal acto, utilizan las palabras del Papa sobre el bautismo de madres solteras.

Al parecer en Argentina hubo sacerdotes que se oponían a realizar ese tipo de bautismos y el Papa, siendo cardenal y arzobispo de Buenos Aires, criticó tal hecho. Concretamente estas fueron sus palabras entonces:
"Éstos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen".

Se da además la circunstancia de que en Argentina otras dos lesbianas ya fueron protagonistas en el programa de televisión de un sacerdote muy “carismático”, el P. Ignacio Periés, que aprovechó la ocasión para hacer apología del matrimonio homosexual. La archidiócesis de Rosario le desautorizó públicamente pocos días después.

Estas lesbianas no querían cualquier templo, así que han elegido la catedral de Córdoba (obviamente la argentina, no la española) para bautizar a la criatura. Así lo explica la madre biológica:

“Tuve una audiencia con monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, para que diera la orden y me confirmó que en la Catedral no habrá ningún problema”.

Ahí no queda la cosa. Resulta que ambas han pedido a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que sea madrina del bautizo. No sabemos si la presidenta aceptará la invitación y si Mons. Ñáñez lo aceptará.

Ahora vamos a ver lo que dice el Código de Derecho Canónico, que se supone que sigue vigente. Al menos nadie nos ha dicho que ha quedado abrogado. ¿Cuál es la condición para que se bautice lícitamente un niño?:

868 § 1. Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere:

1 que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces;

2 que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.

¿Cuál es la condición para ser padrino o madrina de un bautizo?:

872 En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo.

Y

874 § 1. Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:

3 sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;

Vaya por delante que creo que no estamos ante un caso parecido al de una madre soltera que quiere bautizar un hijo. Una mujer católica ha podido tener un desliz, quedarse embarazada, seguir adelante con el embarazo sin que el padre quiera tener nada que ver con el mismo y, luego, ser una madre católica que eduque perfectamente a su hijo en la fe.

Pero dicho eso, ¿alguien cree que hay una esperanza fundada que la niña que va a ser bautizada será educada en la fe católica? ¿esas madres lesbianas están capacitadas para tal cosa? (*) Y si finalmente la presidenta de Argentina es madrina, ¿hay la más mínima posibilidad de que ella, defensora ardiente del matrimonio entre homosexuales, pueda colaborar en esa educación en la fe católica de la cría?

De momento, solo pregunto. Ustedes pueden intuir cuáles serían mis respuestas a esas preguntas. Conste que no soy partidario de dificultar el bautismo de niños, pero si la Iglesia ha puesto unas condiciones concretas para que se produzca el mismo, ¿quién es nadie para saltárselas a la torera?

La realidad es que los medios de comunicación seculares van a presentar ese bautizo como un triunfo del lobby gay y una “prueba” de que la Iglesia acabará aceptando, antes o después, las uniones homosexuales.

Por mucho que algunos, o incluso una multitud, digamos que eso no es posible, dará igual. Muchísimos fieles, que no saben siquiera de la existencia de esas leyes canónicas y no forman su fe en medios católicos fieles al magisterio, llegarán a la conclusión de que esos medios de comunicación tienen la razón. Es más, creo legítimo preguntarse hasta qué punto una decisión así puede quedar en manos de un solo obispo, siendo que estamos ante un acto que va a tener repercusión mundial y puede poner a los pies de los caballos a párrocos y obispos que crean imposible que una pareja de lesbianas, que ha tenido una hija mediante fecundación artificial, puede educar en la fe católica a nadie.

Luis Fernando Pérez Bustamante

(*) La cosa cambiaría si alguno de los abuelos de la niña se comprometiera a educarla en la fe católica y las madres lo aceptaran. Pero en ese caso, dado el escándalo público que se está formando, debería de aclararse de forma igualmente pública, para no confundir a los fieles… y a los “infieles".

Fuente: infocatolica.com

La Iglesia argentina permite el bautizo de la hija de dos lesbianas

La hija de un matrimonio formado por dos mujeres será bautizada en Argentina, convirtiéndose así en el primer bautismo de estas características en una iglesia católica en el país natal del papa Francisco.

El bautizo se realizará el sábado 5 de abril (2014) en la catedral Nuestra Señora de la Asunción de Córdoba (a 700 km al norte de Buenos Aires) en una ceremonia que fue autorizada por el arzobispo de la ciudad y en la que las dos madres desearían que la madrina fuera nada más y nada menos que la presidenta Cristina Kirchner.

"No hay motivo para que la niña no sea bautizada, porque se cumplen todos los requisitos que la Iglesia demanda", explicaba Gustavo Loza, portavoz de la oficina de prensa del arzobispado de Córdoba.

Una de las madres de la niña, Karina Villarroel, relataba los pormenores de la audiencia que mantuvo con monseñor Ñañez: "Me dijo que no había problema por que mi hija fuera bautizada en la catedral", contaba esta agente de policía argentina.

Según la feliz madre, quien se casó con Soledad Ortiz en diciembre del 2012, se trata de la primera pareja homoparental que bautiza a su hijo en Argentina, donde un 75 % de la población es católica.

Fuente: religiondigital.com

sábado, 29 de marzo de 2014

Solo el Papa, los cardenales y los obispos pueden recibir sepultura dentro del templo


El Concilio Vaticano II acordó que no haya tumbas en los templos y así se fijó en el Código de Derecho Canónico de 1983. Solo el Papa, los cardenales y los obispos pueden recibir sepultura dentro del templo.

El canon 1242 del Código de Derecho Canónico de 1983 es muy claro. "No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice, de sus propios cardenales u obispos diocesanos, incluso eméritos".

Así lo estableció la Iglesia después del Concilio Vaticano II y esa es la norma que ha seguido el Obispado de Ávila, al permitir que el expresidente Adolfo Suárez fuera enterrado junto a su mujer en el claustro de la catedral. "No ha habido que pedir ninguna excepcionalidad dado que la tumba no está dentro del templo si no en el claustro", indicó el obispado.

Después de la muerte de su mujer, en 2001, el expresidente pidió al Cabildo Catedralicio y al entonces obispo de Ávila, Adolfo González Montes, ser enterrado en ese enclave. El deán de la Catedral, Fernando Gutiérrez Santamaría, explicó al "Norte de Castilla" que para recibir el permiso del Cabildo es necesario reunir "dos circunstancias que en esta ocasión se cumplen en ambas figuras: una relevancia social importante y su condición como católico de forma clara”.

Pese a que las normas prohíben los sepulcros en lugares sagrados a toda aquella persona que no sea ni Papa, cardenal u obispo, nuestras catedrales, conventos, iglesias, monasterios y ermitas están repletos de tumbas de reyes y familias de nobles. La mayoría gozó de este privilegio antes de que Carlos III prohibiera los sepulcros dentro de las Iglesias en 1787 por razones de higiene, pese a que la medida no se llevó a cabo hasta 1804.

El Código de Derecho Canónico, en el canon 1239, también establece que ningún cadáver, ni siquiera el del Papa o el de un obispo, puede estar enterrado bajo el altar; en caso contrario, no es lícito celebrar la Misa en él. También reconoce el derecho de los fieles a elegir el cementerio en el que quieren ser sepultados, salvo que el derecho se lo prohíba.

En el canon 1176 explica además que la Iglesia "aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos"; sin embargo, "no prohibe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana". Aunque no se opone a esta práctica, recuerda que la urna con las cenizas debe ser depositada en el cementerio.

Fuente: Abc.es

domingo, 23 de febrero de 2014

El prefecto de la Fe reitera que los divorciados vueltos a casar no pueden acceder a la comunión


En un artículo a doble página publicado el miércoles 23 de octubre del 2013 en L´Osservatore Romano, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, reitera la doctrina tradicional de la Iglesia de que, "por la íntima naturaleza de los sacramentos, la admisión a ellos de los divorciados vueltos a casar no es posible", y rechaza expresamente "la falsa apelación a la misericordia" porque "banalizaría la imagen misma de Dios", como si Dios "no pudiese hacer otra cosa que perdonar".

Argumentos en las Escrituras, la Tradición y el Magisterio

El texto, exhaustivamente argumentado, pasa revista al argumentario tradicional de la Iglesia para justificar su posición en "la doctrina católica del matrimonio".

Comienza por enumerar todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que hacen referencia a la unidad e indisolubilidad del matrimonio y al adulterio, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y concluye que "la Iglesia católica, en su enseñanza y en su praxis, se ha referido constantemente a las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio. El pacto que une íntima y recíprocamente a los dos cónyuges ha sido instituido por Dios mismo. Se trata por tanto de una realidad que viene dada por Dios y ya no queda a disposición de los hombres".

Seguidamente estudia la Tradición de la Iglesia, desde los Padres de la Iglesia ("en la época patrística los creyentes separados que se habían vuelto a casar civilmente no eran readmitidos a los sacramentos ni siquiera tras un periodo de penitencia") hasta la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II.

Puesto que el matrimonio es imagen "del amor de Dios por su pueblo y de la fidelidad irrevocable de Cristo a su Iglesia", entonces "sólo es posible comprender y vivir el matrimonio como sacramento en el ámbito del misterio de Cristo": "Si se seculariza el matrimonio o se lo considera como una realidad puramente natural, queda impedido el acceso a su sacramentalidad. El matrimonio sacramental pertenece al orden de la gracia y se inserta en la definitiva comunión de amor de Cristo con su Iglesia", señala el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Finalmente, el Magisterio reciente, desde la exhortación apostólica Familiaris Consortio de 1981 posterior al sínodo sobre la familia, hasta la carta del mismo dicasterio de Müller (en aquel momento dirigido por el cardenal Joseph Ratzinger) de 1994 precisamente sobre la admisión a la eucaristía de los divorciados vueltos a casar, es unívoco. "La admisión a la eucaristía no se puede conceder", estableció el primer documento, y esa decisión "no puede ser modificada en función de las circunstancias", estableció el segundo.

Por su parte, el mismo cardenal Ratzinger, ya como Benedicto XVI, en la exhortación post-sinodal Sacramentum caritatis de 2007, reitera esa "praxis de la Iglesia" en cuanto "fundada sobre las Sagradas Escrituras" (Mc 10, 2-12).

Todos estos documentos añaden la praxis de caridad con la que debe tratarse a las personas en esa situación, y establecen los casos en que, cuando haya poderosas razones para mantener la convivencia de los divorciados vueltos a casar (como la educación de los hijos), la absolución sólo puede darse bajo la condición de que vivan "como hermano y hermana".

Consideraciones antropológicas

Seguidamente monseñor Müller rebate los principales argumentos con los que la mentalidad contemporánea quiere arrancar de la Iglesia una cesión en ese punto, pues "la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio encuentra a menudo incomprensión en un ambiente secularizado", el cual en consecuencia pretende que "la decisión de comulgar o no debe dejarse a la coinciencia personal de los divorciados vueltos a casar".

El prelado recuerda que "la existencia de un pecado grave no confesado se opone a la posibilidad de recibir la comunión", y que "los fieles tienen la obligación de formar su propia conciencia y de tender a la verdad".

El obispo alemán rechaza también "el argumento de la misericordia", precisamente porque "todo el orden sacramental es obra de la misericordia divina y no puede revocarse apelando al principio que lo sostiene".

"Por medio de lo que objetivamente suena a ser un falso reclamo a la misericordia, se incurre en el riesgo de banalizar la imagen misma de Dios, según la cual Dios no podría hacer otra cosa que perdonar. Al misterio de Dios pertenecen, además de la misericordia, también la santidad y la justicia. Si se esconden estos atributos de Dios y no se toma en serio la realidad del pecado, ni siquiera se puede aplicar a las personas su misericordia".

Atención pastoral más allá de la recepción de la eucaristía

Monseñor Müller concluye que, "aun si, por la íntima naturaleza de los sacramentos, la admisión a ellos de los divorciados vueltos a casar no es posible, a favor de estos fieles deben dirigirse todavía más los esfuerzos pastorales, puesto que deben mantenerse en dependencia de las normas que derivan de la Revelación y de la doctrina de la Iglesia".

Eso "no es sencillo", pero esas personas "deben saber que la Iglesia les acompaña en su camino como una comunidad de sanación y salvación. Con su compromiso de comprender la praxis eclesial y de no acercarse a comulgar, en cierto modo se hacen testigos ellos mismos de la indisolubilidad del matrimonio".

Por último, "la atención a los divorciados vueltos a casar no debería reducirse, ciertamente, a la cuestión de la recepción de la eucaristía. Se trata de una pastoral global que intenta satisfacer lo más posible las exigencias de las distintas situaciones".

Fuente: religionenlibertad.com

Sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar sin haber obtenido la nulidad matrimonial

"Los divorciados no están excomulgados", por Pedro Antonio Moreno, sacerdote y juez del Tribunal de la Rota Española


“El catecismo de la Iglesia en los artículos 1650 y 1651 dice que una persona puede estar divorciada porque haya sufrido un trauma en su relación, pero otra cosa es que una persona divorciada esté conviviendo con otra con la que no está casada. A esto la Iglesia lo llama una situación irregular y esta persona no podría comulgar porque sería un acto incoherente ya que no está en comunión con la Iglesia”.

Estas personas en situación irregular “necesitan un acompañamiento pastoral más cercano y aunque no puedan comulgar, porque les haría daño, deben saber que pueden comulgar en el Espíritu, una comunión espiritual”. Al Tribunal de la Rota Española llegan muchos casos que cuestionan si realmente se trató de un matrimonio sacramental o si sólo lo pareció.

— Cursillos prematrimoniales

“Los jueces somos pastores de almas que sacamos a la luz la verdad de unos hechos a menudo difíciles”, comenta el padre Moreno. Hechos que suelen venir de muy lejos. “Si un sacerdote ve que alguno de los novios no tiene las condiciones mínimas para recibir el sacramento puede no realizar la boda y animarlos a seguir madurando su noviazgo. Pienso que cuando un sacerdote casa a dos personas sin conocerlas a fondo cae en un doble mal: por un lado une a dos personas que no están preparadas, pero por otro y más importante se les conduce a un fracaso porque faltaban los fundamentos desde el inicio”.

Los breves cursillos prematrimoniales le parecen insuficientes y recomienda las “escuelas de novios” que ofrecen diversas entidades y reforzar el papel de la familia y la comunidad.

También señala el trabajo de los Centros de Orientación Familiar (COF) de la Iglesia. “Cuando un matrimonio acude a un COF, los especialistas deben mostrarles todas las opciones que pueden agotar antes de pedir la nulidad. Los tribunales también hemos de observar con detenimiento los casos en los que no se hayan agotado estas posibilidades de reconciliación y hacerlo ver. Estos centros son la mejor ayuda, ya que en las nulidades siempre hay sufrimiento de por medio”.

— La Rota española, sin pasar por Roma

“El tribunal de la Rota de Madrid es un privilegio exclusivo para apelar las sentencias de nulidades matrimoniales que salen de los tribunales metropolitanos” explica el padre Moreno.

“En España se resuelven las nulidades sin tener que llegar a la Rota Romana, lo que no ocurre con el resto de países. Para dictar una sentencia definitiva de nulidad se necesita al menos dos fallos favorables. Madrid actuaría como instancia definitiva tras pasar los casos por los tribunales diocesanos y metropolitanos. Además, Madrid, puede ser incluso tribunal en una cuarta instancia. Este privilegio lo tenemos desde 1771 y su mayor impulsor fue el Papa Clemente XVI”.

— Las dudas más comunes

- ¿La Iglesia «anula» el matrimonio?
- No. Es un sacramento indisoluble. Una sentencia de nulidad lo que hace es confirmar que el matrimonio nunca existió como sacramento.

- ¿La Iglesia hace negocio con las nulidades?
- No. De hecho, son una carga económica para la Iglesia. Hay gente que pide «patrocinio gratuito» demostrando que no puede pagar las costas del proceso.

- La nulidad ¿es más fácil para los famosos?
- No. El proceso es igual para todos. Cada caso se estudia por orden de llegada. Por conciencia y prestigio profesional, ningún juez se atreve a dar sentencias falsas.

- ¿Se abusa del supuesto de «inmadurez para el consentimiento»?
-Se hacen informes médicos rigurosos y los análisis psicológicos para comprobar las incapacidades se encomiendan a especialistas cualificados y que tengan una antropología cristiana.

Fuente: religionenlibertad.com

¿Qué cree la gente que es el matrimonio?, por Giorgio Carbone, O.P.



“Es un contrato”: esta es la respuesta más frecuente cuando pregunto a grupos de personas de edad heterogénea, casadas o prometidas, qué es el matrimonio.

Después, pregunto cuál es el fin, la meta última del matrimonio. Y las respuestas más frecuentes son: “El amor, la familia, los hijos”. Raramente alguien responde: “La santidad de los cónyuges”, que es la respuesta justa.

No estoy en posición de decir la importancia estadística de estas respuestas dentro de un amplio grupo de población. Pero para nuestro análisis basta saber por ahora que está muy difundido el convencimiento de que el matrimonio es un contrato que tiene como meta el amor y/o los hijos. Y de ello están convencidos casi todos, creyentes y no, esposos jóvenes y ancianos, prometidos y solteros.

— Verdades olvidadas

Esta convicción demuestra por lo menos un hecho: a nivel normal se han perdido dos verdades sobre el matrimonio.

A) El matrimonio es un sacramento:

La primera verdad olvidada es que el matrimonio, más que un contrato, es un sacramento. El contrato desde el punto de vista formal es un acuerdo entre dos o más partes que tiene por objeto bienes de carácter patrimonial. Pero el matrimonio es otra cosa, es sacramento, es decir, una alianza entre una mujer y un hombre que tiene en Dios su origen, su consistencia y su fin.

Porque es Dios Amor quien llama a los esposos al amor recíproco: el matrimonio no es un encuentro fortuito, sino una llamada divina, una vocación cuyo actor es Dios. Jesús lo dice: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Marcos 10, 9).

B) Los cónyuges son los ministros del sacramento del matrimonio

En segundo lugar, Dios, al hacer experimentar su misericordia, su ternura y su paciencia al cónyuge, llama este cónyuge a comunicar al otro la misma misericordia, ternura y paciencia recibidas: esto significa ser ministros de Dios en el sacramento del matrimonio.

Los cónyuges, viviendo juntos y amándose, se intercambian lo que han recibido de Cristo y realizan así una comunión divina y no sólo humana, comunión humano-divina que es similar a la que hay entre Cristo y la Iglesia, comunidad de los creyentes como se expresa en Efesios 5, 25-32: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella (…) Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia”.

C) Vocación a la santidad

En tercer lugar, Dios es el fin, es decir, el fin del matrimonio, porque el día de la boda el cónyuge acoge la persona del otro cónyuge con vistas a Cristo, es decir, para llevarlo a Cristo, para caminar juntos hacia el Señor: es una vocación común a la santidad.

Y es esta la segunda verdad olvidada del matrimonio: la santidad, es decir, el deseo de conversión a Cristo y de conformarse a Él en todo, en la mentalidad y en los gestos concretos.

— ¿Mirada horizontal o degradante?

Que el matrimonio se reduzca a un contrato o a un convencionalismo social y que se haya perdido su destino a la santidad son el resultado de una mirada, no horizontal, sino degradante de la existencia humana.

Hemos expulsado a Dios de nuestras consideraciones, ya no nos esforzamos en conformar nuestra mentalidad a la de Cristo, por Él mismo manifestada en los Evangelios, por lo que la consecuencia es la pérdida del sentido de la existencia, del significado de la relación matrimonial que funda la existencia humana.

Sin embargo, vivir la fe teologal significa propiamente pensar según los pensamientos de Dios, es decir, sintonizar nuestra inteligencia, nuestra mentalidad, nuestros convencimientos con el pensamiento de Jesucristo.

Además, la difusión acrítica de la opinión según la cual el matrimonio es un contrato, por lo que la santidad ya no se considera su meta, debería hacernos considerar que a menudo los matrimonios que vemos celebrados en la iglesia en realidad no son sacramentos; es decir, son matrimonios nulos.

Los esposos, aunque dicen sí con los labios, en realidad no creen en el matrimonio como cree Jesús y su Iglesia. Los esposos tienen una concepción mundana del matrimonio, es un contrato, y como sucede con todos los contratos que están sometidos a la total disponibilidad de las partes, éstas pueden rescindir del mismo cuando quieran.

En cambio, al ser un sacramento, es una realidad que es de Cristo, tiene un origen, una consistencia y un fin divinos.

— Cuando dicen sí no dicen sí

Aunque dicen sí con los labios, consideran que el matrimonio dura mientras haya sentimiento de amor. En cambio, el matrimonio se funda sobre el amor recibido de Dios y, por tanto, es para siempre, como también es para siempre el amor que Dios tiene por nosotros.

Aunque dicen sí con los labios, los esposos no se acogen totalmente como personas porque excluyen positivamente la posibilidad de tener hijos recurriendo de manera habitual a la anticoncepción.

Efectivamente, el cónyuge que usa métodos anticonceptivos, precisamente con el gesto sexual que debería significar la donación total de sí al otro, en realidad no se dona totalmente porque reserva para sí la capacidad de convertirse en padre o madre: por tanto, dice una gran mentira al amor total.

— Lo pastoral en relaciones fracasadas

Las recientes discusiones sobre la actitud pastoral hacia las personas que vive en el fracaso de un matrimonio, y que tal vez han pasado a una convivencia o a un matrimonio civil, no pueden prescindir de estas dos verdades antes recordadas porque son verdades evangélicas.

La Iglesia, como comunidad de creyentes, tiene la vocación de ser esposa de Cristo, evidentemente fiel y no incrédula. Por tanto, está llamada a anunciar siempre la verdad del matrimonio indisoluble porque esta es la enseñanza de Cristo su esposo: basta leer Marcos 10,5-9; Mateo 19,4-9; Lucas 16,18.

Todos nosotros creyentes, si queremos vivir la virtud teologal de la fe, advertimos la exigencia de obedecer y de uniformar nuestra mentalidad a la enseñanza de Cristo Señor. Al mismo tiempo, no podemos amar renunciando a la verdad y no podemos conocer la verdad sin amar: el conocimiento de la verdad y del amor del bien son movimientos estructurales e identificativos del ser humano.

En razón de la verdad y del amor no podemos generar ilusiones en nadie y, por tanto, ni siquiera podemos hacer pensar que la praxis de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio esté cerca de cambiarse, o bien que después del Sínodo de los obispos de octubre de 2014 las personas divorciadas y casadas por lo civil serán absueltas y admitidas en la comunión eucarística.

Si las personas divorciadas y vueltas a casar por lo civil fueran admitidas a la comunión eucarística, la comunidad de los creyentes renunciaría a ser fiel a Cristo que enseña la indisolubilidad del matrimonio.

— Ideas prácticas para mejorar

Como conclusión resumo unos criterios prácticos:

1) preparar a los novios al matrimonio de manera más seria y completa, haciendo conocer que el matrimonio es una cosa de Cristo y no de los esposos, y que es una vocación divina a la santidad;

2) considerar que todos los sacramentos son un don que la Iglesia recibe de Cristo, y no son un derecho que hay que reivindicar. Esto vale también para la comunión eucarística;

3) agilizar los procesos canónicos concernientes a la verificación de la nulidad del sacramento del matrimonio;

4) demoler la difundida opinión según la cual los divorciados vueltos a casar están excomulgados. Más bien, lo que se hace es acoger a estos creyentes y hacerles saber que aunque vivan en una condición desordenada como es la convivencia con una persona que no es el propio cónyuge, pueden y, es más, deben vivir la fe, la esperanza, la caridad, participar en la Misa, rezar juntos e individualmente, vivir la penitencia y el deseo de conversión y que el dolor y la amargura de no poder recibir la eucaristía tienen un valor salvífico que puede llevar a la sincera conversión de su corazón a Cristo Señor.

Fuente: religionenlibertad.com

lunes, 17 de febrero de 2014

SACRAMENTO DEL MATRIMONIO: La obsesiva dependencia de la madre por parte de uno de los dos cónyuges puede considerarse una causa valida para que la Iglesia católica anule un matrimonio.


La obsesiva dependencia de la madre por parte de uno de los dos cónyuges puede considerarse una causa valida para que la Iglesia católica anule un matrimonio.

La noticia ocupa hoy gran espacio en la prensa italiana, después de que así lo explicase el vicario judicial de la diócesis de Liguria (noroeste), Paolo Rigon, durante la apertura ayer del año judicial eclesiástico de esta región.

Los afectados por esta dependencia no "son capaces de cumplir con los deberes conyugales. Hay casos en los que se está tan apegado a la madre que no se puede hacer vida común con la pareja", confirmó en declaraciones al diario "La Stampa" el cardenal jurista Velasio de Parolis, miembros del Tribunal Supremo de la Signatura apostólica.

En su alocución, el vicario judicial Rigon explicó que puede ser considerada causa de nulidad ya que "para cada decisión, para cada movimiento que se quiera hacer en el seno de la pareja, se busca siempre la aprobación del padre o de la madre, que de hecho se convierte psicológicamente en el verdadero cónyuge y la persona casada pasa a ser sólo un sustituto". "Es como haberse casado con la suegra", resumen así la prensa italiana la explicación de la Iglesia católica.

Rigon cita que en su experiencia se ha encontrado con "situaciones concretas" en las que "jóvenes y adultos, debido a una inmadurez psicológica, falta de preparación a la vida, se casan sin saber lo que les espera" y "continúan su vida como la hacían cuando eran niños o adolescentes".

Los diccionarios italianos recogen la palabra "mammismo" que significa excesivo sentimiento protector de la madre y la consecuente subordinación afectiva del hijo, por ello Rigon la diferencia de la clásica figura en Italia del "mammone", es decir de las personas que "necesitan a sus madres o no se quieren despegar de ellas".

Esta dependencia es como una especie de "droga" que "incide gravemente en la vida conyugal", añade Rigon.

El "Corriere della Sera" publica también la opinión del decano del colegio cardenalicio, Angelo Sodano, arzobispo de Génova, que asegura que "el matrimonio debe ser un acto realizado en total libertad", por ello el "mammismo" puede ser causa de nulidad ya que "uno no es libre cuando busca constante a una tercera persona".

FUENTE: larazon.es

lunes, 20 de enero de 2014

¿Desde cuándo se imparte el bautismo a los niños?, por Luis Antequera


Hay cosas que uno ni se le ocurre plantearse si siempre fueron como hoy las contemplamos o en otro momento fueron diferentes. Y una de esas tal vez sea la que cabe definir como “bautismo de infantes”, una ceremonia con un carácter netamente iniciático equiparable, desde tal punto de vista aunque no desde muchos más, a otra del ámbito judío cual es la de la circuncisión, producida al octavo día del nacimiento con la que también coincide en que en ambas recibe la persona el nombre por el que será conocido en la comunidad.

Pero lo cierto es que no siempre el bautismo lo recibieron entre los cristianos los niños. A pesar de haber nacido en una familia cristiana, de ser un personaje de peso dentro de la comunidad cristiana y con 34 años de edad, nada menos que todo un San Ambrosio apenas era un catecúmeno sin bautizar cuando es elegido para ejercer una dignidad de la importancia del episcopado de Milán.

Y es que aunque más de uno sería bautizado en edad infantil como podría interpretarse de algunos episodios recogidos en los Hechos de los Apóstoles, lo cierto es que el “bautismo de infantes” aún tardará su tiempo en imponerse.

Hipólito de Roma (m.236) en su Tradición apostólica nos detalla el proceso bautismal, que se iniciaba con un catecumenado o aprendizaje de tres años previo a la ceremonia, y recaía siempre sobre adultos. El ritual bautismal tenía lugar en fechas señaladas (domingo, pascua, pentecostés); contenía una serie de ceremonias anteriores (expulsión del demonio, unción prebautismal); tenía lugar por inmersión en agua simultánea a una confesión de fe trinitaria; y se culminaba con la imposición de manos, signación en la frente y unción con el crisma (mezcla de aceite de oliva y bálsamos) por el obispo. A continuación, el bautizando recibía por primera vez la eucaristía, con lo que vemos unidos tres rituales que la vida cristiana contemporánea separa perfectamente: bautismo, primera comunión y confirmación. El ritual tomaba forma dialogante entre oficiante y bautizando. En su obra Sobre el bautismo, Tertuliano (160-h.220) procede a la normalización del ritual.

La expansión del cristianismo y su legalización generalizará el nacimiento de niños en hogares que ya son cristianos, a partir tal vez del s. IV más-menos, fenómeno que va a tener tres grandes consecuencias por lo que al bautismo se refiere.

En primer lugar, éste empieza a celebrarse cualquier día, sin esperar a las fechas señaladas.

En segundo lugar, se abre la posibilidad de que el obispo delegue sus funciones en lo concerniente al ritual bautismal, lo cual tiene más importancia de la que parece, pues el desdoblamiento del bautismo en dos ceremonias, la inmersión y sus complementos, celebrable por el presbítero, y la unción, sólo oficiable por el obispo, implicará la aparición de un nuevo sacramento, la confirmación.

Y en tercer lugar y lo que a los efectos nos interesa aquí, se impone el bautizo infantil a tempranísima edad, con lo cual la fórmula “yo te bautizo”, cuya utilización nos consta desde el s. VII, sustituye a la fórmula dialogante.

El bautismo de infantes va a promover un áspero debate sobre la preparación que ha de darse en el receptor de un sacramento. Los contrarios a él se escudan en la falta de disposición de un niño para recibir un sacramento y en el inexistente mandato en tal sentido en las Escrituras.

San Agustín (n.354-m.430) sostiene que es necesario para la salvación de los niños, y el Papa Inocencio III (1198-1216) argumenta que de la misma manera que una persona incurre en el pecado original sin su consentimiento, puede ser librado de él sin su consentimiento.

Fuente: religionenlibertad.com

sábado, 11 de enero de 2014

BAUTISMO DE JESÚS, Año B

Isaías 55:1-11
Isaías 12 “Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación”
1 Juan 5:1-9
Marcos 1:7-11

Isaías 55:1-11

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomendé.

Isaías 12: Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación

Éste es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación.
R.Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación 

Den gracias al Señor,
invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.
R. Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!
R. Sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación

1 Juan 5:1-9

Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de Él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.

Marcos 1:7-11

En aquel tiempo proclamaba Juan:
– Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero el os bautiza con Espíritu Santo.
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
– Tú eres mi hijo amado, mi predilecto.

Mateo 3,13-17: Bautismo de Jesús

Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

BAUTISMO DEL SEÑOR, Año A

Isaías 42:1-4
Salmo 29: El Señor bendice a su pueblo con la paz 
Hechos 10:34-38
Mateo 3,13-17

Isaías 42,1-4.6-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagara. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Sal 29, la y 2. 3ac-4. 3b y 9b-l0
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz 

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡ Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
— «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predica¬ba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Mateo 3,13-17

Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»